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Guía de Ambrosia Sky: impedid que una operación de limpieza se convierta en una tragedia sin control
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Francisco Dominguez
El presente título supone un punto de inflexión en el género de los simuladores de limpieza que inaugurara PowerWash Simulator, ya que cuenta con un potente enfoque narrativo y muchas sorpresas más. Esta misión no consiste en limpiar un edificio mugriento con un pulverizador, sino de purificar un ecosistema completo.
La materia fúngica reactiva respeta sus propias leyes de la física simulada: explota como una sandía a presión o se hace añicos como el vidrio. Con el fin de sobrevivir a la propia geometría de nivel y evitar que una operación de limpieza acabe siendo una tragedia sin control, tendréis que comprender los hábitos biológicos de los hongos.
Así pues, queremos ayudaros a familiarizaros con Ambrosia Sky: Act One para anteponer los conocimientos prácticos de la química sobre cualquier táctica de limpieza a la desesperada.
Os damos la bienvenida al mundo de los hongos
No tardaréis en observar que cada colonia espacial está cubierta por una capa de arquitectura orgánica: imponentes e intrincadas redes fúngicas de las que brotan frutos que podréis recolectar con fines de investigación y elaboración. Ya sea con el hongo inflamable rojo o el hongo eléctrico azul con forma de esquirla de Act One, tendréis que recurrir a una estrategia sistemática acorde con un juego que pretende convertir a los jugadores en científicos, no en marines del espacio.
Podréis encontrar el hongo inflamable en los bloques más altos, aunque se puede eliminar fácilmente si activáis su fruto explosivo. Para ello, acercaos a él (salvando las distancias para no sufrir un daño de salpicadura importante) o golpeadlo directamente con el pulverizador. Lo peor es que el entorno acabará siendo infernal e indómito. Es preferible recurrir a técnicas más cautelosas cuando las llamas lo consumen todo y la temperatura se vuelve demasiado elevada para desplazarse con seguridad.

Yo prefiero abrirme paso como pueda y recoger los frutos explosivos por el camino, avanzar despacio y desprenderlos del tallo en cuanto los encuentro. De este modo, se ahorra tiempo sin necesidad de llevar a cabo un exterminio completo (aunque es posible hacerlo si no hay prisa), quedaréis a salvo de los proyectiles enemigos e incluso podréis esculpir plataformas improvisadas para saltar de una a otra.
Lo del hongo eléctrico es punto y aparte. Estos cristales dentados constituyen un grave peligro incluso aun sin reparar en sus frutos. Abrirse paso a través de sus impredecibles formaciones puede ser más desafiante que las grandes y sencillas masas del hongo inflamable. No solo supondrán una amenaza para vosotros, sino que sobrecargarán cualquier circuito eléctrico que tengan cerca. Cualquier dispositivo quedará inutilizado hasta que la fuente defectuosa se sustituya por una de suministro estable.
Es recomendable usar la boquilla en modo horizontal ampliado y rociar los zarcillos a medida que os acerquéis. Si bien podréis ahorrar algo de tiempo al seccionar los zarcillos de su fuente de energía (proceso tras el que adquieren un tono azul oscuro), tendréis que disparar a distancia para conseguirlo y conocer la ubicación exacta de estas fuentes. Por ello, esta táctica no resulta del todo fiable.
En gravedad cero, los ahora controles flotantes y la intrincada disposición en espiral del hongo eléctrico requieren un enfoque alternativo. Podéis usar el cable de agarre para cambiar rápidamente de dirección e intentar abriros paso, pero la propia inercia os empujará a menudo hacia otra red de hongos electrificados. Descubrí que usar la boquilla estrecha y un patrón de rociado en espiral resultaba clave para abrir un camino con seguridad, ya que así se eliminan y desconectan las cantidades adecuadas. Por su parte, conviene reservar el cable de agarre para obtener más velocidad en casos de emergencia.
Gestión de la electricidad
Dalia tiene que arreglar generadores sobrecargados y conexiones eléctricas desalineadas con tanta frecuencia que, a veces, parece más una electricista que una científica. De este modo, junto a los numerosos botes que podéis llevar, se antoja fundamental la obtención del pulverizador eléctrico, que extiende una espuma conductora creada a partir del fruto del hongo eléctrico.
Tras su obtención, podréis usar la mayor parte de las fuentes de energía funcionales (apliques, puestos de primeros auxilios o puertas automáticas) para crear vuestros propios cables de alimentación orgánicos. Todo esto tiene su ciencia, pues más de una vez he bloqueado puertas que pretendía activar sin darme cuenta de que solo necesitaba tocar el marco. Sin embargo, en cuanto dominéis su lógica (la electricidad amarilla marca el camino; la azul, no) y hayáis aprendido a identificar las fuentes de energía adecuadas, tendréis una herramienta eficaz para sortear numerosos obstáculos.

Además, tiene un uso poco habitual, ya que es el único pulverizador que no se disipa en el entorno: constituye un arma contra los gusanos amenazantes que encontraréis en Act One. Huelga decir que podréis haceros arder con un pulverizador inflamable o destruirlos con un gran baño de fungicida, pero existe una tercera opción aún más cruel: encapsularlos bajo una solución de espuma grumosa con vuestro pulverizador para conductos eléctricos.
Con el fin de condenarlos sin remisión a una tumba chisporroteante y obtener puntos extra de sadismo, aseguraos de que esté conectado a una fuente de energía. En cuanto os encontréis al primero, descubriréis que se lo tendrán merecido.
Guerra química
Los peligros del entorno suelen ser, por suerte, estáticos: un lago de lo más profundo o un edificio en llamas que se limita a ocupar su sitio. Los hongos pueden crecer, y en Ambrosia Sky lo hacen a un ritmo bastante elevado. En algunas misiones tendréis que extraer el corazón de un leviatán, algo que desencadenará una huida espectacular de un enjambre de hongos nada amistosos.

A mí me gusta reservar los pulverizadores inflamables para estos grandes momentos finales, ya que son perfectos para destrozar las masas de hongos que surgen para cerraros el paso. El rápido cable de agarre puede resultar tentador, pero, sobre todo en los estrechos pasillos de una estación espacial, resultaría demasiado fácil acabar de cabeza contra un fruto explosivo o caer sobre hongos en expansión que os dejarían completamente inmóviles. Ahora, por fin, llega el momento de pulverizar y cruzar los dedos.
Por muy útiles que sean los pulverizadores eléctrico e inflamable, yo utilizo más otra alternativa atípica. No parece gran cosa, pero allana el camino sobremanera: el potentísimo pulverizador para cosechas. Tan solo elimina los hongos sin dañar los frutos, por lo que podréis usar boquillas de radio amplio sin ningún problema y haceros con la máxima cantidad posible de recursos de fabricación. Y en cuanto las innovaciones para ahorrar tiempo, el aspirador se erige como un gran aliado. Id a por él en cuanto dispongáis del pulverizador eléctrico y no tardaréis en obtener resultados.
Nadie acudirá a socorreros en estas colonias espaciales abandonadas, pero aunque nadie os pueda oír limpiar en el espacio, estos consejos os servirán de mucha ayuda durante vuestra misión fungicida.
Ambrosia Sky: Act One ya está disponible en la Epic Games Store.