
Anno 1800 muestra hasta dónde puede llegar un pueblo por una lata de goulash

Esto le ha pasado a todo el mundo. Te pasas todo el día en la fábrica de máquinas de coser, construyendo artilugios que tan solo tus habilidosas manos saben montar. (Después de todo, no confiarías este tipo de trabajo ni a los trabajadores ni a los granjeros. La pura verdad es que no tienen la destreza necesaria). Cuando terminas, te diriges al mercado a por una lata de delicioso goulash y el hombre detrás del mostrador te dice: "Hoy no hay goulash. ¿Quieres pescado?"
Y entonces, tras pensarlo seriamente durante un momento, empiezas una revolución.

De eso trata Anno 1800. Excepto que en Anno 1800, no eres el artesano descontento del último escalón que patalea porque no puede comprar goulash: eres el alcalde de la cúspide de la pirámide contra el que se rebelan los ciudadanos.
El elemento central de este juego de construcción de ciudades de Ubisoft es la necesidad de procurar comida de forma constante para tus habitantes, y desde el momento en que colocas tu primera casa de granjero entras en una carrera por conseguirlo. Cuando empiezas Anno 1800, te encuentras con una isla salvaje cubierta de árboles, mineral sin extraer y depósitos de petróleo sin explotar. Coloca un mercado y unas cuantas residencias de granjeros y traza un camino que conecte tu asentamiento con el puerto más cercano, y pronto tendrás una hilera de colonos desfilando por la carretera como hormigas hacia el hormiguero.
A cambio de su trabajo, los granjeros piden cosas sencillas: pescado para comer, ropa para vestirse y alcohol para beber. Construye un muelle pesquero, una granja ovina y un telar, además de una granja de patatas y una destilería de licor, y los mantendrás a todos contentos.

Sin embargo, a medida que tu población crezca, desbloquearás industrias que explotan más recursos de la isla, como las canteras de arcilla y las minas de hierro, y los granjeros no pueden trabajar con las máquinas de estos lugares, que son más complejas. Para ello te harán falta trabajadores, y los trabajadores necesitan algo más que pescado y ropa para ser felices. Quieren salchichas, jabón y pan, lo que requiere trigales, molinos y granjas porcinas.
Y conforme los construyes, tu asentamiento se va extendiendo por toda la isla, y tu mano de obra crece, y desbloqueas nuevos edificios, y luego nuevas clases de ciudadanos con nuevas necesidades que necesitan más edificios, y el crecimiento va en aumento, y aumenta la población, y, y, y...
Nunca he encontrado un momento de equilibrio en Anno 1800 en el que todas las clases de ciudadanos estuvieran contentos y satisfechos con lo que tenían. Siempre hay alguien que quiere un poco más. ¿Quieres construir una nueva fábrica para crear el artículo de lujo que piden los artesanos? Pues necesitarás personal para esa fábrica, es decir, más trabajadores. Y para tener más trabajadores necesitas aumentar tu producción de salchichas, lo que implica la construcción de una nueva granja porcina. Y para poner en activo la granja porcina necesitarás más granjeros.

Anno 1800 puede parecer un juego idílico de construcción de ciudades desde fuera, pero por dentro es una carrera alocada por ir un paso por delante de tu población. Si alguna vez te quedas atrás y tu gente se enfada, empezarás a ver cómo se levantan barricadas en las calles y se forma una turba enfurecida, con pancartas y carteles. Los alborotadores marcharán hacia tu ayuntamiento para destituirte. Y todo porque no fuiste capaz de proporcionarles suficiente goulash.
Menos mal que este juego de construcción de ciudades no tiene mucho combate, ya que tu propia gente es bastante mortífera de por sí.
Anno 1800 ya está disponible en la Epic Games Store.