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Atomfall se imagina un apocalipsis británico en el que los bates de críquet son más mortíferos que la radiación
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Laura Kate Dale
Como en la saga S.T.A.L.K.E.R., Atomfall se basa en un incidente real. El incendio que se produjo en 1957 en la central nuclear de Windscale, en el parque nacional Peak District, esparció isótopos radioactivos por el Reino Unido y Europa. Atomfall está ambientado cinco años más tarde, en los ondulados campos y los edificios en ruinas de la (irradiada) verde y desagradable tierra de Inglaterra. Es una mezcla interesante de tópicos británicos, desde los cerrados acentos locales hasta el terror campestre.
Esta semana, nos han ofrecido la oportunidad de probar brevemente una demo de Atomfall en la gamescom 2024. Esta aventura en primera persona desarrollada por Rebellion, un estudio conocido por la saga Sniper Elite, sitúa al jugador en un mundo abierto donde debe buscar pistas sobre la catástrofe original, hablar con PNJ y rebuscar la escasísima munición para luego escapar a la carrera con un bate de críquet y enfrentarse a unos supervivientes que se mueren de ganas de matarle en cuanto le vean.
Teniendo en cuenta que Atomfall en un desastre nuclear del que recibe el nombre, quizá os sorprenda saber que el mayor reto que encontramos en la demo fueron los combates con otros supervivientes, decididos a matarnos a cualquier precio. Como pasa en los juegos de supervivencia de zombis, no es muy difícil acabar con uno o dos supervivientes normales usando un bate de madera, pero cuando nos topamos con tres o cuatro (de los cuales seguramente uno tenga un arma de fuego), las probabilidades de sobrevivir se reducen drásticamente. Por suerte, el sigilo siempre es una alternativa, ya que la IU del juego funciona muy bien a la hora de comunicar cuándo estamos ocultos y cuándo empieza a fijarse alguien en nosotros desde una dirección determinada.

A pesar de lo mal que lo pasé, os alegrará saber que Atomfall cuenta con un buen conjunto de herramientas de accesibilidad que van desde asistencia para apuntar hasta funciones de ayuda a la navegación como una brújula en pantalla, pasando por herramientas de desplazamiento, como el movimiento automático. No hacen que el juego pase a ser un camino de rosas, pero, por poner un ejemplo, la posibilidad de desactivar el balanceo por movimiento y aumentar el campo de visión me ayudó a evitar los mareos.
Mientras jugaba, me acordé con cariño de un título al que llevaba años sin jugar, el peculiar juego de lanzamiento de Wii U, ZombiU. A pesar de todos los problemas que tenía, lograba que los golpes con bate de críquet en primera persona transmitieran una agradable sensación de peso, algo que Atomfall también logra. Si un videojuego británico va a incluir un bate de madera como arma cuerpo a cuerpo, la sensación tiene que ser impecable. Este juego lo consigue de sobra.
Si tenemos en cuenta que Atomfall lo ha desarrollado por Rebellion, no debería sorprendernos que los tiroteos (poco frecuentes en la demo) sean satisfactorios hasta decir basta. Las armas responden a las mil maravillas, tanto en sus aspectos táctiles como en los sonoros. Rifles con mira telescópica, pistolas que se disparan desde la cadera... Cada arma transmite sensaciones distintas. La munición escasea tanto en Peak District que padecí el síndrome de las pociones curativas en los RPG, la sensación de que tenía que guardarme las balas por si surgía una situación más grave.
Cuando se terminó el tiempo de que disponía en Atomfall, acabé con más preguntas que respuestas, lo que probablemente sea una buena noticia. En solo una breve sesión de juego, el título ha despertado mi curiosidad y ha presentado interesantes hilos argumentales que quiero saber adónde conducen.
Ya podéis añadir Atomfall a vuestra lista de deseos de la Epic Games Store.