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Bubsy 4D apunta a ser un gran regreso de la saga
C
Charlie Wacholz
El tono de 4D gira en torno a esta idea, incluso en la trama y el propio Bubsy. A pesar de lucir un renovado y bonito diseño con sombreado plano y un nuevo repertorio de movimientos acrobáticos, en 4D Bubsy está un poco quemado. Los saltos entre plataformas pueden ser tan acrobáticos como los de cierto fontanero italiano, pero a nuestro protagonista eso ya no le interesa. Muy a su pesar, Bubsy se ve obligado a entrar de nuevo en acción por culpa de sus viejos enemigos, los Woolies, mientras resopla con cada brinco y doble salto que da.

Respeto mucho la forma en que Fabraz se ha planteado el juego. Obviamente, la historia y el tono no son lo más importante en un juego de plataformas. Creo que hasta al mismísimo Shakespeare le habría costado sacar adelante un juego de plataformas con controles tipo tanque. Pero, teniendo en cuenta que estamos ante una saga en la que el sentido del humor ha sido una de sus señas de identidad, me alegra que Fabraz haya sabido recorrer el terreno de la comedia sin rebajarse a buscar las risas fáciles por las que apuestan otros.
Los atuendos desbloqueables también tenían su punto divertido, incluido un aspecto clásico que sustituye el modelo de alta fidelidad del sombreado plano por el primer modelo 3D de Bubsy de los años 90. Un atuendo que se llama Hedgehog Style (estilo erizo) deja a nuestro protagonista con solo unas zapatillas, además de pixelar y poner borrosa la parte inferior del cuerpo como si estuviera desnudo.
Todo esto está muy bien, pero a mí lo que me interesa es el movimiento.
La manera de moverse de Bubsy es muy fluida y natural. Corretea por los niveles más lineales de 4D con el equilibrio justo entre velocidad y precisión. Además del clásico salto que no puede faltar en este género, el lince rojo cuenta con doble salto y caída en picado (que también hace las veces de ataque), puede flotar/planear en el aire y adoptar una forma de bola peluda, que se controla como las bolas de Super Monkey Ball. También puede colgarse y saltar por las paredes. Encadenar estas distintas acciones es tan fascinante como gratificante.
Los pocos niveles que he probado hasta ahora no solo me han permitido llevar esa flexibilidad y libertad al límite, sino que también han fomentado activamente la experimentación. Unos huecos con el tamaño perfecto me retaban constantemente a crear mis propios atajos cada vez que se daba la oportunidad. Esto, combinado con unas opciones de movimiento extremadamente fluidas, es el sello distintivo de un buen juego de plataformas.

El hecho de que todo esto ocurra en niveles bastante lineales podría desanimar a algunos fans, pero yo prefiero con creces esta estructura tan precisa, que intercala tramos más contundentes entre rápidas secciones de plataformeo directo en lugar de simplemente lanzar de lleno al jugador a zonas abiertas con todo tipo de puntos de interés que resultan un tanto abrumadoras. Esta estructura pulida ofrece todo tipo de posibilidades para trastear de verdad con el conjunto de herramientas de Bubsy.
Cada movimiento es coherente y fiable, pero también muy modular. Al encadenar una caída en picado con un doble salto obtendréis un resultado concreto, pero si lo hacéis en el orden contrario el resultado será distinto. Las diferencias entre estas combinaciones no son demasiado extremas, pero los controles del juego son tan precisos que se notan claramente. Es una forma ingeniosa y eficiente de ampliar el repertorio de movimientos de Bubsy y de recompensar la habilidad sin complicar demasiado las cosas.
Lo mejor de todo es que Fabraz pretende con total claridad que los jugadores rompan el juego. Las partidas son cronometradas en todos los niveles, lo que ofrece un incentivo estilo arcade para volver a jugar cada desafío de plataformas y competir con vuestros amigos para conseguir mejores tiempos. Una clasificación que vi de pasada mientras intentaba aprovechar al máximo el rato que pasé jugando a Bubsy mostraba diferencias abismales (de minutos a segundos) entre los tiempos empleados por los jugadores para completar un nivel, lo que me motivaba a ir cada vez más rápido.
No puedo creer que un juego de Bubsy me haya entusiasmado tanto. Relegado desde hace tiempo a ser el blanco de muchas bromas en internet, este regreso promete hacer justicia al lince rojo de una forma que no me esperaba en absoluto. La acertada combinación de plataformas fluidas y expresivas con un descaro comedido me ha dejado con ganas de más, no quería que la demo terminara. Si el resto del juego está a la altura de la demo de media hora a la que jugué, tiene todas las papeletas para convertirse en un clásico moderno de los plataformas en 3D.
Añadid ya Bubsy 4D a vuestra lista de deseos en la Epic Games Store.