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Chants of Sennaar es una carta de amor al poder de la comunicación y la comunidad
I
Ian Walker
Pensaba que ya sabía lo que me esperaba cuando empecé Chants of Sennaar, el nuevo lanzamiento del estudio independiente Rundisc. Por lo que había escuchado, este juego de rompecabezas se jugaba de manera parecida a Return of the Obra Dinn: encarnas a un detective privado que trata de darle sentido a una narrativa confusa. Pero aunque Chants sigue, efectivamente, esta premisa básica, la experiencia global acabó siendo mucho más significativa para mí que cualquier sensación fugaz que pudiera obtener mientras resolvía los ingeniosos misterios del juego.
Chants of Sennaar te viste con los ropajes holgados de un personaje sin nombre que recorre una estructura gigantesca parecida a la torre de Babel que está ocupada por un puñado de sociedades dispares. Como ninguna de estas comunidades habla el mismo idioma, queda en tus manos averiguar el significado de lo que dicen según las pistas del contexto (cuadros de diálogos, indicaciones del entorno y similares) y descifrar los glifos que componen el vocabulario de cada secta mientras trazas un camino a través del monolito. Con el tiempo, utilizas estos conocimientos para actuar como intermediario etimológico, y conectas a los pueblos divergentes de la torre a través de conversaciones, derribando así los muros (tanto físicos como mentales) que han construido entre sí.

Advertencia: esta historia contiene spoilers del final del juego.
La casta de soldados de la torre, por ejemplo, se presenta inicialmente como simple y brutal. La primera vez que te los encuentras, su objetivo principal es prohibir a los monjes que viven en la planta baja que suban por la estructura en busca de la iluminación. Además, los bardos que habitan la parte alta de la torre se refieren a los soldados de más abajo como idiotas a los que solo les importan sus armas, y el tiempo que pasas deambulando por los barracones no contribuirá demasiado a quitarte esa idea. No obstante, si facilitas un debate entre los soldados y los bardos, descubrirás que a estos guerreros les encanta la música. Esto impulsa a unos cuantos músicos valientes a descender por la torre y ofrecer un concierto a los entusiastas soldados.
El objetivo aparente de Chants of Sennaar es sencillamente aprender idiomas y llegar a lo más alto de la torre, pero las misiones secundarias centradas en la traducción, como esta, allanan el camino hacia el verdadero final del juego. Cada vez que interpretas una conversación entre miembros de dos sociedades diferentes, añades una nueva línea a un símbolo único almacenado en el sistema de comunicación de la torre. Si consigues llegar a lo más alto de la torre después de completar cada línea, se revelará la verdad. El glifo tiene más de un significado dependiendo de la persona que lo esté viendo y el ángulo desde el que lo mire. Gentes de todas las razas y procedencias pueden entender este único símbolo, y todas por razones diferentes.
No soy tan ingenuo como para pensar que todos los males del mundo real se podrían solucionar si todos nos sentáramos a hablar, pero también mentiría si dijese que la narrativa simplista tejida a lo largo de los pasillos y escaleras de Chants of Sennaar no me conmovió. Sus argumentos a favor de la solidaridad y la unión (reforzados además al otorgar al jugador un papel clave en la unión de un mundo dividido por la confusión) suponen una emotiva conclusión para lo que, en apariencia, no es más que un ingenioso juego de rompecabezas. Chants of Sennaar es el ejemplo perfecto de lo que el medio puede hacer cuando sus artistas se centran menos en la violencia y las armas y más en explorar temas relevantes que van mucho más allá de las pocas horas de distracción que nos ofrecen.
Chants of Sennaar está disponible en la Epic Games Store.