
Descended por la madriguera: razones para jugar a Alice: Madness Returns este Halloween

El crujido de la hojarasca. El olor del té con canela y especias en el aire. Las largas sombras que proyectan esqueletos de cuatro metros de altura sobre jardines de césped recortado con milimétrica pulcritud. No cabe duda: un año más, ha llegado la época de Halloween. En el caso de los niños, octubre es el mes en el que toca buscar el disfraz ideal y trazar las rutas perfectas en el barrio para conseguir más chuches que nadie por medio del Truco o trato. Y para los jóvenes de espíritu, es el momento perfecto para descubrir —o revivir— sus historias de miedo preferidas en distintos medios.
En el caso de los videojuegos, suele ser una época en la que el género del terror disfruta de un protagonismo muy especial. Y no es de extrañar: ¿qué mejor época que esta para disfrutar de algunos sustos sobrecogedores o del terror psicológico más profundo? Dicho lo cual, a veces, el hecho de salirse del camino trillado —o de introducirse de cabeza en la madriguera de un conejo— nos permite experimentar las temáticas clásicas del terror de una manera distinta. Esto fue exactamente lo que me pasó a mí cuando volví a abrir Alice: Madness Returns por primera vez después de 13 años. He aquí las razones por las que esta joyita poco conocida se merece un puesto en vuestra lista de juegos para Halloween.
Una atmósfera impecable

Alice: Madness Returns es un juego de acción y aventura que hace hincapié en las plataformas y el combate, lo que hace que, a primera vista, no parezca una opción evidente para esta época del año. Este título lanzado en 2011 por el desaparecido estudio Spicy Horse y la editora EA es una continuación del juego de PC de 2000 American McGee's Alice, una adaptación retorcida y estilizada del clásico literario de Lewis Carroll.
Sin embargo, no hace falta haber jugado a este para disfrutar con Madness Returns. Lo único que necesitáis saber es que, en la versión de Spicy Horse, Alice Liddell es la superviviente de un incendio que acabó con toda su familia y que la llevó a estar largo tiempo ingresada en un manicomio. Mientras estaba en estado catatónico, Alice conoció al Gato de Cheshire y siguió al Conejo Blanco a una versión del País de las Maravillas que no se parece en nada otras interpretaciones de la historia de Carroll.
Madness Returns se desarrolla un año después, cuando Alice vive en un orfanato victoriano del barrio londinense de Whitechapel. Aunque en teoría se ha recuperado, nuestra protagonista sigue atormentada por recuerdos del incendio y no tarda en volver al País de las Maravillas, un reino corrompido de pesadilla creado por su propia imaginación.
Si la película de animación de Disney daba un toque psicodélico a este clásico de la literatura infantil, Madness Returns es algo así como Alicia en el País de las Maravillas con una sobredosis de sales de baño psicoactivas. Los personajes más famosos de la historia original están todos presentes, pero no son los amigables rostros de dibujos animados que recordamos. El Gato de Cheshire, quien hace las veces de guía de Alice en la aventura, está tan flaco que parece un esqueleto, y su conocida sonrisa deja a la vista una dentadura ensangrentada. El Sombrerero, la Falsa Tortuga, la Liebre de Marzo y otros personajes de la novela aparecen distorsionados de manera similar. Hasta los enemigos más corrientes resultan espeluznantes, sobre todo esos híbridos horribles que parecen hechos en parte de trozos de muñecas y en parte de oscuridad.
Desde el mismo instante en que se carga el menú principal, las desafinadas y ruidosas notas de un piano nos alertan de que las cosas no marchan bien en el País de las Maravillas. La música complementa a las mil maravillas al macabro diseño artístico. Madness Returns no es un juego de terror en el sentido clásico; en él no os encontraréis ni sustos ni salas seguras. Sin embargo, comparte algunos de los arquetipos del género, como la existencia de un narrador poco fiable que podría perder el contacto con la realidad en cualquier momento. Y, lo que es más importante, transmite perfectamente la atmósfera propia de Halloween sin esforzarse siquiera en parecer un juego de terror.
Una historia tan antigua como el tiempo

Han pasado más de 150 años desde que se publicó Alicia en el País de las Maravillas, y lo cierto es que sigue siendo una historia muy popular hoy en día. Nadie puede negar el carácter atemporal de la historia de Lewis Carroll. ¿Quién de nosotros no se ha perdido alguna vez en un mundo de ensueño para escapar del hastío de las responsabilidades cotidianas?
De modo similar, Alice: Madness Returns ha aguantado muy bien el paso del tiempo. Trece años no parecen muchos, sobre todo si se comparan con el clásico literario en el que se inspira el título, pero lo cierto es que en el mundo de los videojuegos es una eternidad. En 2011, la tecnología de la alta definición estaba dando sus primeros pasos, y muchos estudios de desarrollo querían explorar sus límites con gráficos cada vez más realistas. Vistos en retrospectiva, estos intentos parecen tan arcaicos que resultan casi encantadores.
En cambio, Madness Returns sigue siendo un juego muy interesante desde el punto de vista visual, precisamente porque Spicy Horse no se obsesionó por conseguir los gráficos más novedosos y espectaculares. Presenta un diseño muy estilizado, con cinemáticas inspiradas en la estética de los libros de cuentos, patrones audaces y escenarios realmente fantásticos. Esto no quiere decir que no tenga sus problemillas, claro está. La borrosidad de las texturas no se vería en un juego lanzado en 2024. Con todo, conserva un encanto visual que han perdido muchos de sus contemporáneos.
Cada capítulo de Madness Returns se desarrolla en distintas zonas del País de las Maravillas, y Alice cuenta con una indumentaria distinta para cada una de ellas, siempre apropiada para el entorno. Durante el juego, la protagonista pasa por las calles mugrientas de Whitechapel, ríos de sangre, fábricas envueltas en la clásica neblina industrial victoriana e incluso el Lejano Oriente. Los niveles contienen bastantes cosas que hacer, sobre todo para aquellos a los que no les gusta dejarse nada. Se pueden encontrar muchísimos coleccionables, como los dientes que se utilizan como moneda para mejorar las armas, los recuerdos fragmentados de Alice e incluso salas de desafíos secretas. Si vamos directos al grano, una partida entera del juego puede prolongarse unas 14 horas, pero, si queremos verlo y hacerlo todo, no es raro que se extienda una docena de horas más.

Pero lo más importante desde el punto de vista de la rejugabilidad es que Madness Returns sigue siendo divertido e interesante. La nostalgia puede ayudarnos a ignorar la antigüedad de los gráficos y las mecánicas de juego, pero el diseño de las secciones de plataformas ha resistido perfectamente la prueba del tiempo. Otro elemento que resulta único es el sistema de combate, en el que Alice utiliza armas como la Espada Vorpal, el Caballito de juguete, el Cañón Tetera y el Molinillo de pimienta. Hay algo extraordinariamente satisfactorio en el hecho de encontrar un morrito de cerdo oculto y llenarlo hasta los topes de pimienta, una frase que solo cobra sentido en el contexto de este juego.
Lo que tenemos y lo que nunca pudimos tener
Alice: Madness Returns se ha convertido en una especie de clásico de culto en los años que han transcurrido desde su lanzamiento. Spicy Horse desapareció en 2016, una historia que, por desgracia, resulta demasiado habitual en el panorama actual de los videojuegos. El creador de la saga, American McGee, ha estado trabajando en ideas para un tercer juego hasta al menos 2023, pero parece poco probable que llegue a publicarse.
Por eso se puede decir que Alice: Madness Returns es la cúspide del trabajo de Spicy Horse. Así que, en lugar de lamentarnos por lo que podríamos haber tenido, tenemos la oportunidad de rendir un homenaje a lo que tenemos, a lo que tuvimos, evitando que caiga en el olvido, como les pasó a otros muchos grandes títulos que optaron por salirse de los caminos de lo comercial. Este Halloween, entre trucos y tratos, recordemos la retorcida brillantez de Alice: Madness Returns, un juego que se torna más interesante cuanto más se adentra uno en la madriguera del conejo.