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Dying Light: The Beast me ha conquistado a base de patadas
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Brian Crecente
"Hemos mejorado mucho la física, y también la patada", me dice mi guía para la demo mientras corro hacia un zombi, pulso RB para saltar y pulso dos veces la A para lanzar una patada rápida voladora con las dos piernas. El zombi sale volando por la barandilla de unas escaleras cercanas y desaparece de mi vista.
Mientras agarro el mando, siento cómo algo en mi interior despierta. En Dying Light: The Beast, sois Kyle Crane, el protagonista del Dying Light original. Crane, tras 13 años en cautiverio, ha conseguido escapar y busca vengarse del Barón, el científico loco que lo encerró y experimentó con él durante todos esos años.
Como resultado de dichos experimentos, ahora Kyle cuenta con habilidades especiales que no dudará en usar contra su enemigo cuando lo encuentre. Sin embargo, en la demo práctica de Dying Light: The Beast del Summer Game Fest no se mostró cómo Kyle consigue escapar, sino que arrancaba hacia la mitad del inicio del juego. Como era muy pronto, aún no disponía de todas las habilidades de Kyle, pero lo que vi bastó para hacerme una idea de lo que es capaz.
Por supuesto, el juego, su aspecto y el entorno también son completamente nuevos. Dying Light: The Beast tiene lugar en Castor Woods, un destino turístico rural que ahora está habitado en su mayoría por zombis que vagan sin rumbo.
Con el hacha, el hacha de dos manos, la palanca y, por último, el brutal machete, me hago una idea de los nuevos y más detallados modelos de daño de los zombis. Y, si bien resulta satisfactorio deformar a estos muertos andantes y ver cómo se desprenden sus miembros o se les cae la piel a tiras, lo que a mí me fascina es la patada rápida.
¿Es cosa mía o mi guía de la demo está empezando a darse cuenta de que uso demasiado este movimiento?

Si se quiere, se puede dejar la interfaz prácticamente vacía, pero yo por ahora tengo una brújula con una marca que me indica dónde está mi próximo objetivo. Voy con algo de prisa porque tengo que llegar a un sitio dentro del juego y está empezando a anochecer (tanto en el mundo real como en el virtual). Hacer parkour por las cornisas, edificios y vehículos de Dying Light: The Beast es divertido, sobre todo si lo acompañáis de una patada rápida bien dirigida a un zombi desprevenido.
A medida que dejo atrás los tejados de terracota y las calles invadidas por la vegetación, el paisaje empieza a convertirse en un bosque. También hay pantanos cerca, y alguna que otra fábrica. Pero el sol se está poniendo y el exterior, en general, se está volviendo más peligroso.
La barra secundaria que aparece debajo de la barra de salud muestra que, de forma temporal, puedo entrar en el modo Beast. En este modo, podéis usar las manos para lanzar ataques poderosos y rápidos, así como apretar el gatillo derecho para lanzaros con todo vuestro peso contra un enemigo cercano y hacer que salga volando. La cosa termina demasiado pronto, pero me las he arreglado para sembrar el caos.
Poco después llega la noche y el nivel de amenaza ha aumentado considerablemente. La adición más peligrosa son los llamados Volatiles, los depredadores nocturnos de Dying Light: The Beast. Aunque de vez en cuando os tendréis que preocupar de que no os derribe una horda de zombis en una pelea, los volátiles son de otra casta. Si os ven, será mejor que corráis.
Kyle Crane tiene un sentido de supervivencia que detecta a los enemigos cercanos y os da información básica sobre ellos. Esto resulta realmente útil cuando os movéis en la oscuridad intentando evitar usar la linterna para no alertar a los volátiles. En Dying Light, la noche es oscura, y la oscuridad es aterradora.

Me las he apañado para verme envuelto en una persecución espantosa en la que no me da tiempo ni de mirar hacia atrás. Solo espero que no me pisen los talones. Consigo llegar hasta una ventana abierta con contraventanas de acero que puedo cerrar tras de mí para convertir el apartamento en una especie de lugar seguro.
Primero cierro las ventanas y las puertas, y después sigo el grueso cable eléctrico que va desde la caja de fusibles hasta el sótano en un intento por restablecer la energía. Mato a muchos zombis (y lanzo más de una patada rápida) antes de volver al apartamento, donde consigo activar la corriente, encender las luces ultravioletas y respirar tranquilo.
Después de una siesta en la cama, me despierto al día siguiente. Al abrir las contraventanas, descubro un escenario azotado por una tormenta en el que las cortinas de lluvia torrencial hacen que sea casi imposible distinguir nada. A veces, el aire mueve la lluvia hacia los lados. Esta vez Dying Light: The Beast muestra los fenómenos meteorológicos con mayor fidelidad, y esto tiene un gran impacto en el aspecto del juego y, lo que es más importante, en la jugabilidad. Por ejemplo, no esperéis que un cóctel Molotov haga gran cosa cuando la lluvia ha dejado todo encharcado. En cambio, en esa circunstancia, los ataques eléctricos se vuelven mucho más eficaces.
De pie sobre el techo de una camioneta bajo la lluvia, distingo la silueta desdibujada por el aguacero de un zombi o dos en la distancia. Mientras avanzo hacia el objetivo, la tormenta amaina, pero todo está empapado.

Pronto me encuentro por primera vez con humanos, un grupo de saqueadores que me ataca al verme cuando les interrumpo mientras se apoderan de unas cajas en un tren. Sigo explorando y encuentro mi primer objetivo, un almacén abandonado repleto de soldados, muchos de ellos armados con rifles. Me agacho y los observo desde la distancia con unos prismáticos. Mi sentido de supervivencia detecta qué soldados portan armas y qué soldados no. Si quisiera tomarme el tiempo, podría atraer a algunos zombis hasta la zona para que atacasen a los soldados, lo que me proporcionaría una distracción... pero tengo una idea mejor.
Y tiene que ver con las patadas rápidas.
Después de deshacerme de unas cuantas tropas terrestres, rodeo un silo y consigo subirme. Ahora, en cuclillas desde el techo, puedo ver a un puñado de soldados dando vueltas. Uno de ellos lleva un rifle. Empiezo a avanzar, colocando los dedos lentamente sobre el RB y la A.
El guía de la demo interviene antes de que pueda hacer nada: "Si se da la vuelta, igual puedes agarrarlo... ¡no saltes! ¡No hagas la patada rápida!".
Me río y me detengo.
"Si le atacas con una patada rápida podríamos perder el rifle que lleva", explica.
Decido hacerle un placaje y lo mato con el machete antes de coger el rifle y guardármelo. Después corro de manera impecable hasta un soldado cuerpo a cuerpo desprevenido. Justo antes de abalanzarme sobre él, hago que Crane salte y le propine una patada al soldado que lo hace retroceder, pasar por encima de la barandilla y darse un golpe mortal contra el suelo.
Un soldado cercano me ve y empieza a lanzarme piedras. Presa del pánico, intento hacer una patada rápida pero solo me sale una patada normal. Después, sigo dándole patadas hasta que deja de moverse.
"Lo has matado a patadas", dice el guía.
"No era mi intención", respondo.
"¿Y qué querías hacer?", añade el guía.
Hago que Crane se dé la vuelta y lanzo una patada rápida a otro guardia que lo saca del silo.
"Eso es lo que quería hacer", afirmo.
"Veo que tienes un movimiento favorito", responde el guía.

Aparte de apuñalar y dar patadas, también conseguí hacerme con un arco y una flecha, un arma eficaz y silenciosa que puede matar a los soldados al instante si tenéis el cuidado de dispararles a la cabeza.
Me estoy quedando sin tiempo en la demo, en parte por mi afición a las patadas, y aún hay mucho por ver. En un momento dado, el guía señala a un tipo que hay cerca de un rifle que se le acaba de caer. "¿Te apetece darle una patada rápida a ese?", sugiere.
¡Sí!
Rápidamente, me dirijo hacia el edificio y bajo al sótano donde elimino a una gran variedad de zombis a base de patadas y tiros certeros. En la zona final descubro un lanzallamas. Cuando lo enciendo, lo efectos son espectaculares: llena la sala con nubes de humo y fuego, y convierte todo lo que toca en un arma en movimiento (que se muere poco a poco). Los desarrolladores, según me han contado, han usado un trazado de rayos especial para dar vida a las llamas de Dying Light: The Beast.
Para llegar hasta mi primer jefe, tengo que encontrar un contenedor de gas especial, dejarlo caer en la parte trasera de una camioneta cercana y conducir rápidamente hasta otra zona. La camioneta puede abrirse paso entre los enemigos mientras conduces, pero se estropea, va perdiendo velocidad y termina destrozada si no tenéis cuidado. Otro efecto interesante: cuando el parabrisas se llena de sangre, los limpiaparabrisas se activan automáticamente para limpiarlo.

Por fin consigo llegar a mi último objetivo, un dispositivo que usa el gas que he mencionado antes para atraer a un enemigo enorme. Cuando llega, me despedaza en un segundo. En el segundo intento, duro un poco más, pero vuelvo a fallar estrepitosamente.
No llego a derrotar a la criatura, pero quizás sea porque no llegué a lanzarle una patada rápida en el momento adecuado.
Dying Light: The Beast estará disponible el 22 de agosto en la Epic Games Store.