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Dying Light: The Beast llegó como una patada voladora a mi corazón

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Brian Crecente
10 jun 2025
Probablemente haya sido un error que la persona a cargo de mi demo de Dying Light: The Beast me recordara uno de los movimientos más icónicos del juego tan al principio de la experiencia. 

"Mejoramos en gran medida la física de la patada voladora, así como su potencia", me explicó mi guía de la demo, mientras yo corría hacia un zombi, pulsaba el botón RB para saltar y dos veces el botón A para lanzar una patada voladora a dos piernas. El zombi voló sobre la barandilla de unas escaleras cercanas y desapareció de mi vista.

En lo más profundo, mientras me aferraba al control, sentí que algo se despertaba en mi interior.
En Dying Light: The Beast, juegas como Kyle Crane, el protagonista del Dying Light original. Luego de 13 años como prisionero, Crane finalmente es libre y busca venganza contra el Barón, el científico loco que lo encarceló y experimentó con él durante todos esos años.

Como resultado de dichos experimentos, Kyle ahora posee algunas habilidades especiales, y planea usarlas con el Barón cuando lo encuentre. Sin embargo, la demo jugable de Dying Light: The Beast en el Summer Game Fest no mostró cómo escapaba Kyle, sino que se situaba aproximadamente a la mitad de la primera parte del juego. Dado que todavía era bastante al inicio, aún no tenía todas las habilidades de Kyle, pero había suficientes como para que probara lo que podía hacer. 

Por supuesto, el juego, su aspecto y la ambientación también son completamente nuevos. Dying Light: The Beast transcurre en Castor Woods, un destino turístico rural que ahora está poblado en su mayoría por zombis que deambulan sin rumbo.

Pude experimentar los nuevos modelos de daño más detallados de los zombis haciendo uso de un hacha, un hacha de dos manos, una barreta y, por último, un machete de aspecto bestial. Y si bien deformar a los muertos vivientes es satisfactorio, ver cómo se desprenden las extremidades o se abren capas de piel... fue la patada voladora lo que me conquistó. 

No sé si solo me pareció a mí o si mi guía de la demo empezó a notar que estaba abusando de dicho movimiento.
Dying Light: The Beast - Summer Game Fest 3
La interfaz de usuario puede desactivarse por completo si el jugador lo desea, pero por el momento dejé una brújula con una marca que indicaba dónde quedaba mi próximo objetivo. Estaba con prisa en la demo, ya que tenía que ir a cierto lugar en el juego y comenzaba a atardecer (en el juego también). Hacer parkour por cornisas, edificios y vehículos en Dying Light: The Beast es satisfactorio, especialmente cuando se lo acompaña con una hábil patada voladora a un zombi desprevenido.

A medida que me alejaba de los tejados de terracota de la ciudad y las calles cubiertas de vegetación, el paisaje comenzó a transformarse en un bosque. También había pantanos cerca y alguna que otra fábrica. Sin embargo, se estaba poniendo el sol y el exterior, en general, se estaba volviendo más peligroso.

Una barra secundaria debajo de la que mostraba mi vida me indicaba que ahora podía entrar temporalmente en el Modo Beast. Una vez en el Modo Beast, puedes usar tus manos para lanzar ataques rápidos y poderosos, y si presionas el gatillo derecho, puedes golpear el suelo para sacar volando a los enemigos cercanos. Se acabó demasiado rápido, pero logré causar muchos estragos.

Pronto, se hizo la noche y todo se volvió mucho más peligroso. El añadido más amenazante de Dying Light: The Beast son los Volatiles: depredadores nocturnos. Si bien ocasionalmente tu preocupación pasa por no caer en manos de una horda de zombis durante un combate, los Volatiles están a otro nivel. Si te ven... corre.

Kyle Crane tiene un sentido de supervivencia que marca a los enemigos cercanos y te da información básica sobre ellos. Esto es muy útil mientras avanzas agazapado entre las sombras, intentando no usar la linterna para no alertar a los Volatiles. En Dying Light, la noche es oscura y la oscuridad, aterradora.
Dying Light: The Beast - Summer Game Fest 2
Terminé metido en una persecución desesperante, con demasiada prisa como para siquiera mirar atrás. Solo esperaba que no estuvieran pisándome los talones. Por fin encontré una ventana abierta con una persiana de acero que podía cerrar para convertir el apartamento en una especie de refugio seguro. 

Primero cerré puertas y ventanas. Luego, en mi intento por restablecer la corriente, seguí un cable eléctrico grueso que iba desde la caja de fusibles hasta el sótano. Luego de matar muchos zombis (y lanzar muchas patadas voladoras), logré regresar a salvo al apartamento donde pude restablecer la electricidad, encender las luces UV y descansar por unos instantes. 

Luego de tomar una siesta en una cama cercana, me desperté en la mañana del día siguiente. Al abrir las persianas, me encontré con un paisaje devastado por una tormenta y casi imposible de ver, dada la lluvia torrencial que lo cubría. A veces, el viento lanzaba el agua hacia los lados. Esta vez,  Dying Light: The Beast tiene efectos climatológicos de mayor fidelidad y estos tienen un gran impacto en el aspecto visual del juego... y, lo que es más importante, en el apartado jugable. Por ejemplo, no puedes esperar hacer mucho con un coctel molotov cuando todo está lleno de charcos de agua, pero los ataques con electricidad de pronto se tornan mucho más útiles.

Ahí fuera, en la lluvia, de pie sobre el techo de un camión, pude ver la silueta de uno o dos zombis en la distancia, sus figuras oscurecidas por la lluvia torrencial. A medida que seguí avanzando hacia mi objetivo, la lluvia se detuvo, pero todo el exterior quedó empapado. 
Dying Light: The Beast - Summer Game Fest 4
Al poco tiempo de esto, tuve mi primer encuentro con otros humanos, un grupo de scavengers que me atacaron apenas me vieron, por interrumpirlos mientras buscaban botín en unos maletines de un tren. Continué explorando un poco más y llegué a mi primer objetivo: un almacén venido abajo repleto de soldados, muchos de ellos con rifles. Me agazapé y los observé a la distancia con un par de binoculares. Mi sentido de la supervivencia me permitió saber qué soldados tenían armas y cuáles no. Si hubiera querido tomarme el tiempo para hacerlo, podría haber atraído algunos zombis a la zona y hacer que atacaran a los soldados para usarlos como distracción... pero tuve una idea mejor. 

Tenía que ver con patadas voladoras.

Luego de eliminar algunas tropas, llegué hasta un silo y me trepé a él. Agachado, en el techo, pude ver algunos soldados deambulando por ahí. Uno de ellos tenía un rifle. Empecé a avanzar agachado y a llevar mis dedos lentamente hacia los botones RB y A.

El guía de la demo intervino antes de que hiciera nada: "Tal vez si se da vuelta podrías agarrarlo... ¡No saltes, no le des una patada voladora!

Me reí y me detuve.

"Si le das una patada voladora podrías perder el rifle que tiene", me explicó.

Decidí silenciarlo, eliminando al soldado del rifle con mi machete antes de guardarlo en mi inventario, para luego enfilar corriendo hacia un soldado cuerpo a cuerpo desprevenido. Justo antes de embestirlo, salté por el aire con Crane y le di una patada al soldado, que se tambaleó hacia atrás, dio contra una barandilla y cayó en picada del otro lado hacia su muerte.

Un soldado cercano me descubrió y comenzó a lanzarme piedras. Entré en pánico y erré mi patada voladora, logrando una patada normal en su lugar. Luego, continué con mis patadas hasta que dejó de moverse.

Guía de la demo: "Lo pateaste hasta morir".

Yo: "No era lo que quería hacer".

Guía de la demo: "¿Qué querías hacer?".

Giré con Crane y le di una patada voladora a otro guardia que cayó fuera del silo.

Yo: "Eso quería hacer".

Guía de la demo: "Veo que ya encontraste tu técnica favorita".
Dying Light: The Beast - Summer Game Fest 1
En medio de tantos golpes y machetazos, logré conseguir un arco y flecha, un arma silenciosa, pero efectiva, que podía matar soldados de forma instantánea, al menos si le atinabas a la cabeza.

Me quedaba poco tiempo con la demo (que se acortó más por mi afición por las patadas) y todavía me quedaba mucho por ver. En un momento, el guía de la demo me señaló un hombre ahí cerca que acababa de soltar un rifle. "¿Por qué no le das una patada voladora?", me sugirió.

¡Sí!

Me apresuré a ir al sótano del edificio donde me deshice de varios zombis con tiros bien apuntados... y patadas. En la zona final, descubrí un lanzallamas. Al encenderlo, los efectos fueron dignos de admirar: la habitación se llenó de llamas y humo, y todo lo que tocaban se transformaba en un arma móvil (que se apagaba lentamente). Me dijeron que los desarrolladores utilizaron un trazado de rayos especial para realmente darle vida a las llamas de Dying Light: The Beast.

Para llegar a mi primer encuentro con un jefe, tuve que hallar una lata de gasolina especial, dejarla en el acoplado de un camión cercano y conducir deprisa hasta una zona diferente. El camión puede embestir y abrirse paso entre los enemigos mientras lo manejas, pero recibe daño, lo cual hace que se reduzca su velocidad y, si no tienes cuidado, que se rompa. Otro efecto interesante: cuando el parabrisas queda tapado de sangre, los limpiaparabrisas se encienden automáticamente para limpiarlo.
Dying Light: The Beast - Summer Game Fest 6
Por fin llegué a mi objetivo final, un dispositivo que usa la ya mencionada gasolina para atraer a un enemigo enorme. Cuando llegó, me destrozó en segundos. En mi segundo intento, duré un poco más, pero aún así fallé miserablemente. 

Nunca pude derrotar a la criatura, pero tal vez fue porque nunca intenté darle una patada voladora en el momento justo.

Dying Light: The Beast sale a la venta el 22 de agosto en la Epic Games Store.