
Hablamos con los desarrolladores de Bugsnax sobre amor y besos toscos por el Día de San Valentín

Seamos sinceros, las relaciones pueden ser y, a menudo son, complicadas. Al fin y al cabo, la gente es complicada. Lo peor es que las películas y las series priorizan las escenas tórridas y las historias manidas por encima de cualquier cosa que se aproxime a la autenticidad y al mundo real. Y luego está Bugsnax. A primera vista, el bisoño proyecto de la desarrolladora Young Horses parece un claro juego de recolección al más puro estilo "hazte con todos" inspirado en Pokémon Snap o Ape Escape. Sin embargo, cuando rascas la superficie, descubres una enmarañada red de conflictos interpersonales y relaciones tirantes.
En muchos sentidos, Bugsnax rompe con lo convencional. Aquí no encontrarás escenas de sexo subidas de tono ni momentos de incertidumbre amorosa; por no encontrar, no encontrarás ni humanos. Aparte de los Bichisnax, las criaturas mitad insecto y mitad aperitivo a las que tendrás que dar caza, los otros seres vivos de la Isla Tentempié son los Gruñecos, personajes humanoides similares a marionetas cuyos cuerpos cilíndricos y grandes bocas poco o nada tienen que ver con los estereotípicos sex symbols hollywoodienses. Para que te hagas una idea, recuerdan más a Danny DeVito que a George Clooney.
Esto se debe en parte a limitaciones técnicas, sobre todo si tenemos en cuenta el reducido tamaño del equipo de desarrollo. Como explica el director creativo de Bugsnax, Kevin Zuhn, guionizar y animar un simple beso entre dos Gruñecos no es un proceso demasiado sencillo.
"Lograr que dos personajes interactúen entre ellos físicamente es una de las cosas más complejas en animación y programación... Normalmente, lo evitamos. En las escasas ocasiones en las que dos personajes se besan, hice todo lo posible por colocarlos de manera que no se notara lo tosco que quedaba".

Teniendo esto en cuenta, tiene mucho sentido que la mayoría de la historia y el trasfondo del juego se comunique al jugador mediante conversaciones entre los Gruñecos; en algunas de ellas podrá participar activamente, mientras que en otras quedará en segundo plano. De hecho, la capacidad de decisión o intervención brilla por su ausencia. Sí que hay opciones en los diálogos, y puedes transformar el aspecto de un Gruñeco haciendo que devore un Bichisnax en concreto, pero los jugadores no tienen forma de caldear un romance incipiente ni de torpedear uno turbulento. Como explica Zuhn, esta decisión fue intencional:
"En parte es porque me gusta la idea de poner el foco en las emociones y en la mentalidad de las relaciones, y quería centrarme especialmente en relaciones longevas, las que existen desde hace mucho tiempo, porque muchas historias tienden a centrarse en el inicio de una relación o en el final, es decir, en los momentos más dramáticos. Sin embargo, me parece que no se exploran tanto las relaciones asentadas y longevas que, aunque no tengan visos de ir a terminar pronto, también tienen sus propios problemas".
Esta filosofía también sirve para que los jugadores se mantengan enganchados y se centren en los conflictos arraigados entre los habitantes de la Isla Tentempié. Una buena parte del desarrollo de los personajes tiene lugar durante las conversaciones individuales entre dos Gruñecos pues es justo ahí donde se averigua la mayoría de los problemas a los que se enfrenta cada uno.
Pongamos a Pancho, el granjero trabajador y huraño de la isla. En un principio, las cosas que se oyen sobre él no son muy halagüeñas: se rumorea que su cabezonería provocó que su esposa Trufina, la arqueóloga, lo abandonara, y que se puso como una fiera con Pepenillo durante un periodo de escasez de comida (Pepenillo, por cierto, es el único Gruñeco de la isla que se niega a comer Bichisnax). Sería muy fácil dar por perdido a un tipo como Pancho hasta que descubres lo mal que se siente por cómo trató a Pepenillo o que, para combatir su soledad, viste a un cactus y habla con él porque se asemeja a su esposa. Con el paso del tiempo, Pancho y Trufina consiguen reconciliarse, pero solo cuando ambos están dispuestos a hablar con sinceridad y abiertamente, en lugar de seguir resistiéndose a enterrar el hacha de guerra.
Bugsnax también te hace leer entre líneas; prefiere un enfoque más sutil de la narrativa a sobrecargar constantemente a los jugadores con explicaciones de trasfondo e historia.
"Esto se debe a que no me gusta que los personajes tengan que soltar este tipo de información en los diálogos sin más", explica Zuhn. "No es que los personajes se dejen cosas en el tintero, porque no es así, sino que me parecería absurdo que ya desde un inicio estuvieran en plan: 'Oye, te voy a contar el estado actual de mi relación'".

Este enfoque más sutil de las conversaciones y las interacciones no solo da pie a un punto de vista más realista y fundamentado de la complejidad de las relaciones, también permite mostrar romances homosexuales. Históricamente los medios occidentales han enmarcado la diversidad sexual como una elección o un estilo de vida, con argumentos centrados casi siempre en personajes que salen del armario o en cómo su género o identidad sexual choca con la norma establecida. Bugsnax, por su parte, es una historia sobre la vida cotidiana que explora "lo mundano de la homosexualidad", en palabras de Zuhn.
"Es interesante porque, aunque se habla mucho sobre el dolor y las alegrías de las personas homosexuales, queda un enorme término medio por explorar: lo mundano de la homosexualidad, la vida cotidiana. Esto no quiere decir que las historias de Bugsnax no tengan cierta dosis dramática, porque la hay de vez en cuando, pero también hay un montón de elementos de la vida normal y corriente. Todo lo normal y corriente que puede ser la vida en esa isla".
Es justo esa expresión, "una vida normal y corriente", la que mejor describe Bugsnax. Una vez dejas atrás sus coloridos y relucientes gráficos y la captura de criaturas al más puro estilo Pokémon, solo quedan los altibajos que definen nuestras vidas y relaciones. Puede que algunos de sus contemporáneos se centren más en contenido que muestre romances de película, pero Bugsnax está decidido a poner el foco en las partes de las relaciones menos exploradas: la codependencia, el abandono emocional, los fallos en la comunicación... Todos ellos, sin duda, temas que deberían tratarse más en los videojuegos.
En una época en la que la empatía y la comprensión parecen alejadas de nuestras vidas cotidianas, Bugsnax no solo se antoja más relevante que nunca, sino necesario.