
En Terminator: Dark Fate - Defiance, debes luchar como un ser humano para derrotar a las máquinas

Atrincheradas en edificios acribillados a balazos y camufladas entre la crecida hierba que flanquea la carretera principal que atraviesa la ciudad, mis tropas se lamen las heridas y cuentan la munición. Ya han destruido cuatro convoyes mecánicos, pero aún quedan más por llegar, y les ha costado resistir. Ninguno de mis pelotones está a pleno rendimiento, y de la única unidad de blindaje pesado que traje a la misión, un antiguo tanque de batalla principal M1 Abrams fabricado antes de la insurrección de la IA, ya solo queda chatarra en llamas. Como suele ocurrir en Terminator: Dark Fate - Defiance, tengo que buscar el modo de convertir estos últimos vestigios de la humanidad en un inquebrantable muro de contención contra las máquinas.
En todas las películas de Terminator , vislumbramos el oscuro futuro que los protagonistas intentan evitar: un mundo en el que una IA militar crea un ejército de máquinas asesinas e intenta exterminar a la raza humana. Entre la guerra nuclear y la masacre posterior por parte de las máquinas, mueren miles de millones de personas y la escoria de la humanidad es lo único que queda para oponer resistencia. En Terminator: Dark Fate - Defiance, tú tomas las riendas de esa resistencia. Mientras que en otros títulos ambientados en este mundo de ciencia ficción encarnas a un solo personaje, Defiance es un juego de estrategia en tiempo real que te pone al frente de un batallón de soldados, lo que te confiere una nueva perspectiva: lo duro que es luchar contra un enemigo mecánico que no siente piedad ninguna.
Un ejército humano más numeroso está intentando recuperar una ciudad del sur controlada por las máquinas, y mi misión es defender esta carretera principal para impedir que al enemigo le lleguen refuerzos. Mi ejército está compuesto por un grupo muy diverso de soldados y milicianos; algunos tienen en su poder armamento militar, como los pelotones de comandos y los francotiradores, pero la mayoría no son más que muchachos de la zona armados con lo que encontrarías en una tienda de armas de barrio. No es un armamento que inspire demasiada confianza si tenemos en cuenta el enemigo al que nos enfrentamos.
Si en las películas de Terminator ya somos testigos de cuánto daño puede hacer un solo robot, capaz de acabar con comisarías enteras sin ayuda, imagina el poder de los convoyes que desfilan por la ciudad, formados por pelotones enteros de estas tropas mecanizadas. Por si fuera poco, ahora se les unen nuevos enemigos mecánicos: máquinas exploradoras con forma de perro, drones suicidas, robots andantes con patas de araña de dos pisos de altura e incluso tanques con rodamientos pesados y cañones de plasma.
A pesar de haber vencido a los primeros convoyes, me doy cuenta de que cometido errores imperdonables, como perder soldados que podrían haber sobrevivido. He jugado demasiado como las máquinas contra las que me enfrento. Para derrotar a este enemigo, debo basar mi estrategia en las pocas ventajas que mis frágiles humanos tienen sobre los robots.

Ya he utilizado los edificios que flanquean la carretera principal para resguardarme del fuego enemigo, interponiendo los espesos muros de un antiguo colegio entre mis milicianos y las armas de plasma de las máquinas. Sin embargo, esos edificios no aguantarán mucho más sin no uso el tanque o los misiles de largo alcance para destruir el blindaje pesado del enemigo.
El verdadero problema es el alcance. Los tanques y robots andantes del ejército de las máquinas están equipados con armas pesadas que pueden atravesar la mampostería, y el alcance de esta artillería es mayor que el de los lanzacohetes de mis milicianos. Si el enemigo descubre a mis soldados en el edificio, puede convertirlos en polvo antes de que ellos sean capaces siquiera de responder con un solo misil.
Aquí es donde entra en juego la primera ventaja de los humanos: años y años practicando el juego del escondite.
En Defiance, todos tus soldados se camuflarán si se quedan quietos durante unos instantes, y se esconderán aún mejor si se tumban boca abajo o se refugian en un edificio. Ordeno a los milicianos escondidos en el antiguo colegio que no disparen hasta que tenga a las máquinas a tiro, y espero a que el convoy enemigo se acerque a escasos metros de sus muros para dar la señal de ataque. Mis tropas descargan una ráfaga de explosivos contra los tanques y los robots andantes sin darles la oportunidad de disparar sus armas. Los soldados armados con fusiles de asalto y ametralladoras hacen añicos la infantería robótica. Las máquinas son muy arrogantes y no parecen creer en las ventajas de ponerse a cubierto.

Ante la escasez de munición, mis tropas tienen que recurrir a otra tradición humana milenaria: el hurto.
Los mapas de Defiance están repletos de vehículos, tráileres y, en ocasiones, camiones de combustible y suministros, todos ellos abandonados. Tienes que ver a tus soldados no como un ejército convencional, sino como un grupo de personas con buenas intenciones que rebuscarán donde haga falta para luchar por lo que es justo.
En una pequeña aldea unos kilómetros al suroeste de la carretera principal, diviso un tráiler de suministros abandonado. No está completo, pero si consigo llevarlo hasta la línea de combate, mis milicianos tendrían la munición que necesitan para resistir al menos otro par de oleadas. Incluso podría volver a armar a mis exmilitares, que pueden disparar misiles antitanque de largo alcance.
Aunque solía tener un camión, y además armado con una ametralladora de calibre .50 en la parte trasera, le pasó lo mismo que al Abrams. Fue uno de los primeros errores que cometí en la batalla. En Defiance, es fácil ver los vehículos como unidades superiores, ya que llevan grandes cañones y blindaje, pero a menudo acaban siendo objetivos grandes a los que es fácil impactar. Tus soldados, que pueden dispersarse, guarecerse y esconderse, son mucho mejores combatientes de primera línea, ya que constituyen objetivos de menor tamaño y, con frecuencia, portan armas igual de potentes. En cambio, la mayoría de las veces tus vehículos no sirven para luchar, sino para reubicar tropas, transportar equipos o, a unas malas, disparar mientras tus soldados retroceden.
Puede que un cañón de plasma enemigo me arrebatara mi camión, pero los tripulantes lograron escapar del vehículo en llamas antes de que explotara el depósito de gasolina. Les ordené que se guarecieran en un edificio cercano y, como los conductores solo van armados con pequeñas pistolas que poco pueden hacer contra las máquinas, me olvidé rápidamente de ellos. Ahora es su momento de entrar en escena y brillar.
Defiance es más complejo de lo que puede parecer a primera vista. Los pelotones están formados por soldados que pueden morir; las armas pueden quedarse sin munición; los vehículos pueden quedarse sin combustible; las armas desechadas pueden rescatarse del suelo y los coches abandonados pueden conducirlos nuevos tripulantes. Previamente, rebuscando por los aparcamientos cerca de donde se escondían mis tripulantes sin vehículo, había visto un camión abandonado. Lo había ignorado porque, a diferencia del que perdí, este vehículo no tenía armas ni blindaje. Era un simple todoterreno viejo. Lo que sí tenía, sin embargo, era un enganche para tráileres.
Tras enviar un pelotón de comandos para que los protejan, hago que los tripulantes tomen los mandos del camión y lo conduzcan hasta el pueblo para recuperar el tráiler de suministros. Ya tengo todo listo para llevarlo de vuelta al colegio cuando llegue el siguiente convoy de máquinas.

Las municiones escasean y es imposible que las tropas que tengo en el colegio salgan victoriosas contra los tanques y los robots andantes, así que urdo un plan. Podemos organizar una defensiva apresurada en un tramo posterior de la carretera. Abandono el edificio y envío a mis soldados hacia el sur. No hay tiempo para tomar una ruta alejada de la carretera, por lo que solo cabe confiar en que lleguen al punto de encuentro sin que el próximo convoy de máquinas los alcance. Redirijo el camión con el tráiler de suministros al nuevo punto de encuentro y, cuando llega, le ordeno a los tripulantes que abandonen el vehículo, tomen el control del tráiler de suministros y se preparen para repartir misiles y balas cuando llegue el resto de la milicia.
Las máquinas llegan antes de lo esperado; toda una horda de tanques, robots andantes e infantería metálica devoran la carretera a su paso. Las tropas antitanque no llegarán al punto de encuentro antes de que los robots las alcancen y las hagan trizas, así que sacrifico algunas de las unidades de milicianos mermadas. Opto por dejarlas escondidas al borde de la carretera para lanzar emboscadas y así distraer al convoy cuando se acerque. Apenas consiguen arañar el blindaje de las máquinas, pero cada vez que aparecen y disparan contra los robots, les obligan a frenar.
Las distracciones surten efecto, y mis unidades de infantería alcanzan el camión de suministros con suficiente tiempo para recargar sus armas. No solo los lanzacohetes, sino también los misiles antitanque de largo alcance. Cuando el convoy me alcanza, logro destruir los tanques y los robots andantes con relativa facilidad y hacer añicos a los demás robots.
Sobre el papel, la misión ha sido un éxito, pero he perdido mi tanque, decenas de soldados y unidades enteras de milicianos, y este ejército ahora tendrá que partir hacia el siguiente campo de batalla con el equipo y los suministros que le queden de esta contienda. Porque Terminator: Dark Fate - Defiance no se reduce a ganar una sola batalla. Se trata de ganar una guerra, una que solo puedes ganar si luchas como un ser humano, no como una máquina.