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En Wilmot's Warehouse, descargas tensión amontonando palés

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David Silbert
19 sept 2023
Los videojuegos son portales a realidades incomparables. Cuando exploras nuevos mundos, vuelas como un cohete por autopistas traicioneras o exploras los confines exteriores del espacio, lo que hacen la mayoría de los juegos es invitarte a soñar y a vivir tus mayores fantasías.

Pero Wilmot's Warehouse, en cambio, es un juego sobre la rutina. Como su protagonista, el motivado Wilmot, recibes envíos, haces inventario e intentas mejorar la eficiencia de los procesos en un trabajo corporativo interminable. Cuanto mejor organizado esté tu puesto, más deprisa podrás completar los pedidos. Y cuantos más pedidos completes, más Performance Stars ("estrellas por rendimiento") recibirás; estas te permitirán obtener perks (ventajas) y motivational posters (carteles motivadores) nuevos.

No sería de extrañar que, al oír hablar de palés, análisis de rendimiento y propaganda corporativa, dijeras: "¡Paso, gracias! Ya tengo un empleo a jornada completa". Pero sería un error. Por debajo de su propuesta en apariencia mundana, Wilmot's Warehouse ofrece grandes dosis de sustancia, estilo y alma.

Las mecánicas del juego poseen un encanto irresistible. Cada mes, un camión deposita una serie de mercancías en la puerta del almacén. Con un simple clic del ratón, recoges una de ellas (o un montón), y con otro, la dejas en el suelo. La rueda del ratón te permite rotar las mercancías. Bajo la constante presión del tiempo, deberás correr por el almacén y organizarlo para preparar la llegada de nuevos pedidos.
En Wilmot's Warehouse descargas tensión amontonando palés - Inventario
Cada partida es distinta. Puede ser que empieces con un enorme cargamento de gorros para el invierno o de plátanos. Cuanto más se llene el almacén, más tipos de mercancías recibirás. Al cabo de varias horas de juego, tendrás más mercancías de las que podrás gestionar..., salvo que desarrolles un buen sistema de seguimiento. Por ejemplo, podrías convertir una zona del almacén en un "rincón para alimentos". Otra podría ser para "fondos azules" o "patrones raros". No hay formas correctas o incorrectas de jugar a Wilmot's Warehouse; puedes verlo como una gigantesca librería en la que eres el único empleado.

El almacén es grande, pero no ilimitado. Cuando se incrementa el número de mercancías, Wilmot's Warehouse se transforma en una gratificante variante del Tetris. Cada metro cuadrado se convierte en algo valiosísimo. Si desaprovechas el espacio, no tardarás en encontrarte con dificultades para maniobrar. Hay una fase llamada Stock Take ("reorganización") en la que dispones de tiempo para reorganizar el espacio, pero el resto del tiempo juegas contra el crono.

Pero, a pesar de ello, nunca sientes demasiada presión. Si la lías con un pedido o no consigues organizar las cosas como es debido, siempre puedes arreglarlo al día siguiente. Además, desbloqueas con regularidad una serie de prácticas habilidades (como un incremento de fuerza o un robot ayudante) que te facilitarán la labor. La agradable banda sonora de música electrónica compuesta por Eli Rainsberry incrementa esta sensación de relax. Y si alguna vez te sientes solo, puedes invitar a un amigo a tu partida.

Con Wilmot's Warehouse, Richard Hogg y Ricky Haggett han logrado crear una experiencia de juego muy sencilla e increíblemente adictiva. El juego es complejo sin resultar abrumador. Es frenético pero sosegado. Te obliga a estrujarte la sesera y pone a prueba tu capacidad de memorizar y reorganizar sobre la marcha. Y lo más importante de todo: convierte lo banal en algo divertidísimo.

Si alguna vez necesitas un paréntesis después de un día complicado, en Wilmot's Warehouse encontrarás, por sorprendente que pueda parecer, un espacio para relajarte y disfrutar. Es un juego sobre el trabajo, sí, pero es que el trabajo nunca ha sido tan divertido. Hazte con una copia aquí y venga, a fichar se ha dicho.