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Look Mum No Computer es un RPG de disparos con dos palancas estrafalario y brillante

J
John Walker
10 sept 2025

Hay un motivo por el que Look Mum No Computer puede parecer un poco raro. Es porque todo lo que lo conforma es una completa locura. Pero lo más importante es que es espectacular. Este excéntrico juego tiene elementos de Vampire Survivors, de juegos de disparos con dos palancas a lo infierno de balas y de RPG, todo esto a la vez que cuenta una historia sobre un técnico en electrónica y su mochila sintetizador consciente que se pueden encoger hasta el tamaño de una mota de polvo. Ah, y también va de usar la música como arma. Es raro hasta decir basta.

Sam es el típico tío al que le mola la tecnología. Es callado, vive rodeado de un millón de placas de circuitos y pedazos de equipos musicales, y disfruta construyendo máquinas musicales con piezas aleatorias. Además, acaba de crear un sintetizador modular consciente que se llama Kosmo, una cotorra que puede encoger a ambos para explorar los circuitos de aparatos electrónicos defectuosos. Dependiendo de los módulos que haya en las ranuras libres de Kosmo, se consiguen varias habilidades y ataques activos y pasivos, que se usan para completar misiones para los habitantes de cada objeto roto, para luchar contra criaturas errantes (polvo con vida, monedas vivientes y esas cosas) y para reproducir temas únicos sobre la marcha.
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Es todo totalmente cierto. Y, sinceramente, es solo una parte de lo estrafalario que es este gran juego. A pesar de todo el contexto que os he dado, no le hace justicia a la pinta que tiene. Los píxeles irregulares y los filtros CRT recuerdan a los juegos de ordenador de principios de los 90, pero la naturaleza desquiciada del diseño nos habla de una mente trastornada. Luego están las historias de cada aparato, todas delirantes. Por ejemplo, una vieja caja registradora se ha dividido en dos castas: los billetes multimillonarios y las miserables monedas. Hay que unirlas para enfrentarse a un bloqueo gigantesco que impide que entre o salga dinero. O también está la aspiradora, habitada por simpáticos conejitos de polvo (sí, sí, conejitos de verdad) y que está atascada por malvados monstruos de polvo que han creado zonas prohibidas y que se deben destruir.

La manera en la que encajan los elementos del sintetizador en toda esta mezcla es todavía más singular. Se puede mejorar a Kosmo en la tienda de la ciudad, Soldersworth, donde viven todos los clientes. Se pueden abrir nuevas ranuras para habilidades activas y pasivas, y también se pueden desbloquear, construir y mejorar nuevos componentes. Cada una os proporcionará un ataque o movimiento de defensa que usar en las secuencias de disparos con dos palancas, así que podréis ir cambiando entre armas y mejoras de un arsenal infinito para crear un estilo de juego que se adapte a vosotros. Sin embargo, todas las mejoras se materializan en forma de interruptores y elementos de los módulos que cambian la banda sonora mientras jugáis, cosa que es muy desconcertante. Lo que tenéis que saber es que también contáis con un suministro de energía limitado que distribuir entre todos los módulos. Ese equipo también se puede mejorar, así que tendréis que buscar el equilibrio entre la potencia de todas las herramientas.

Pero lo que es más importante, también atravesáis una sala tras otra en cada una de las muchas piezas defectuosas de equipamientos electrónicos, cada una con enemigos y misiones totalmente únicos, e iréis esquivando ataques enemigos mientras vais haciendo malabarismos con los tiempos de recarga de las armas. Y es divertidísimo. El juego da la sensación de ser novedoso todo el rato, ya que cada objeto que reparáis es un campo de juego completamente distinto. Cuando reparéis un ordenador en un desguace, os encontraréis dentro de WinDoors 94 ayudando a varios tipos de archivos. Alguien le instaló una versión pirata de un juego sobre "fontaneros y monos", y ahora hay un virus en el sistema. No os sorprenderá demasiado descubrir que os enfrentaréis a bugs, literalmente. O echad una mano en el salón de arcade del barrio con la máquina de pinball estropeada y llegaréis a un mundo de rebotadores, resortes errantes y una sociedad de bolas de pinball a las que ayudar.
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Cuanto más avancéis, más armas podréis tener instaladas. Cada una cuenta con un medidor que se recalienta con facilidad, pero luego cambia automáticamente a la siguiente que tengáis en la tabla del sintetizador, ya que la anterior pasa a recargarse. La manera en la que saltáis entre la munición rebotadora, los rayos láser o ataques en cadena (por nombrar solo algunos) repercute en cómo respondéis a cada una de las habilidades únicas de los enemigos y sus patrones, sobre todo a la hora de planificar un combate contra un jefe.

No obstante, aun siendo así de complejo, me alegra mucho decir que no es un juego difícil. Es un reto, desde luego, pero este no es un roguelite, y no quiere estar acabando con vosotros hasta el fin de los días. Es un juego centrado en la progresión y, como tal, la muerte viene con la penalización mínima de tener que reaparecer en el último punto de teletransporte. Volver a entrar en cualquier zona de sus niveles vuelve a llenarla con los enemigos originales (a excepción de las salas de desafío, que están repletas de criaturas a las que enfrentarse, pero se quedan vacías una vez las derrotéis), así que tendréis que volver a luchar contra todo lo que ya os habías cargado (o podéis pasar de largo corriendo). 

Eso sí, que se vuelvan a llenar las salas es ideal, ya que todos los enemigos sueltan componentes electrónicos que se usan para crear módulos o mejorarlos, por lo que estaréis buscando este botín constantemente. Mientras tanto, completar misiones para los personajes de cada aparato os otorgará nuevos esquemas para fabricar más módulos, que podréis pagar con Artefacts: unas criaturas chiquitinas y verdes que encontraréis escondidas en varias zonas y que, por el motivo que sea, el de la tienda local acepta como forma de pago.

Así que sí, es muy caótico, pero, madre mía, funciona a las mil maravillas. Podéis arreglar cualquiera de los otros aparatos cuando queráis y dejarlos siempre que queráis poneros con otro. Algunos contendrán desafíos que no podréis completar de primeras, como enfrentamientos duros con límites de tiempo muy estrictos o carreras contra personajes atontados que os encontréis, así que os irá bien volver a completarlos una vez contéis con un arsenal de habilidades más potente. Aun así, también es divertido ir saltando de uno a otro y empezarlos para ir variando.

A pesar del humor y los toques británicos (que lo podréis haber adivinado por el "mum" y no "mom" del título), se trata de un juego alemán, y cabe decir que su originalidad es casi seguro exclusiva de su creador, The Bitfather. Es un juego magnífico, que atrapa, raro de narices y que no creo que se parezca a nada que hayáis jugado. Ya podéis echarle un vistazo a Look Mum No Computer en la Epic Games Store.