
La música de Octopath Traveler combina la nostalgia con algo totalmente nuevo

Ocho personajes, ocho caminos, separados pero entrelazados: esa es la promesa de Octopath Traveler. Todos estos personajes, provenientes de los rincones más remotos del mundo y habiendo lidiado con sus propios problemas, se unen en una gran aventura para salvar la tierra que aman.
Adentrarse en el mundo de Octopath Traveler se siente muy especial porque es una tierra que sigue viviendo y respirando en tus recuerdos, incluso cuando no estás en el juego. Es como si el viento soplase a través de cada uno de sus píxeles desde mucho antes de que pisaras el mundo de Orsterra, y hay vida fluyendo en todas partes, aunque no la veas.
Todo esto es cierto ya sea que hablemos del pueblo portuario de Rippletide, donde Tressa Colzione (la inocente hija del comerciante) vive con el deseo de dejar su pequeño pueblo y conocer el mundo, o de las Cliftlands, donde una familia noble le pide a Therion (un misterioso maestro ladrón) que recupere unas piedras dracónicas robadas. Puedes sentir como la ciudad natal de Tressa cobra vida con las hermosas renderizaciones HD-2D de este pueblo tranquilo y acogedor, donde el brillo sobre el mar enciende el deseo de explorar un mundo que se encuentra más allá. Lamentablemente, la división de clases en las Cliftlands es demasiado evidente.

Sin embargo, son las remotas e inhóspitas Frostlands, hogar de Ophilia Clement, las que reflejan el motivo por el que este mundo evoca emociones tan fuertes. Una clériga de la Catedral de Flamesgrace, la responsabilidad que la familia adoptiva de Ophilia tiene respecto a la Llama Sagrada (asegurar que no caiga en las manos equivocadas), todo se siente muy real. El peso de la responsabilidad de una tradición centenaria que no sabías que existía hasta hace unas pocas horas recae ahora en tu conciencia.
Al estar tan lejos de las únicas personas que viven en Flamesgrace, es difícil no sentirse aislada en las cumbres nevadas, ya que toda la vida gira en torno a la iglesia y pocos se aventuran lejos de la montaña. A pesar de esto, la fuerza de la comunidad es acogedora y te envuelve fuera de la pantalla. Una gran parte de todo eso lo genera la música del juego, la cual está maravillosamente orquestada en todo el mundo pero deliberadamente reducida en esta tierra desolada.
Mientras tormentas de nieve azotan desde los cielos, cubriendo la zona con una brillante capa blanca que refleja la luz del pueblo desde lo alto de los acantilados, un piano relajante te arrulla con su cálida caricia. Es contemplativo, como si entendiera la carga impuesta en Ophilia, y nunca deja que ella se sienta verdaderamente sola. La guitarra que acompaña a esta melodía de piano se siente alentadora en lugar de opresiva, mientras que un repetitivo riff sintético de 12 tiempos que acompaña de fondo a la canción es el latido que le permite seguir sonando.
En vez de rehacer el pasado o producir algo idéntico a las experiencias RPG por las que Square Enix es conocida, la desarrolladora Acquire se basó en esa historia para crear algo nuevo que todavía evoque esos recuerdos tangibles de la infancia. En las Frostlands, la música se torna casi como un abrazo etéreo. Forma una gran sinergia con el arte pixelado de estilo retro que se destaca en los entornos y en las imponentes batallas contra jefes para llevarte de la nostalgia confortante a un futuro desconocido.
Octopath Traveler es placentero por esos momentos. Te puedes parar en la nieve durante horas recordando los días de antaño, sin sucumbir ante el frío que transmite. Sin embargo, cuando tomas el control, puedes crear nuevas experiencias sobre la base de esas alegrías del pasado.
No hay muchas aventuras como esta.
Puedes conseguir Octopath Traveler en la Epic Games Store.