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Orwell pregunta: ¿Está bien hacer algo malo para pillar a los malos?
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Phil Hornshaw
Orwell consta de dos historias episódicas sobre el creciente estado de vigilancia establecido en la era de las redes sociales. Básicamente, eres un policía de internet. Utilizas un software especializado para recabar información sobre la gente a partir de sus datos en línea mientras investigas quién es el responsable de un atentado e intentas evitar más ataques. Sí, tu trabajo consiste en salvar vidas y detener a los malos, pero la naturaleza del juego te genera sentimientos encontrados sobre tus actos.
El problema, claro está, es que este nivel de vigilancia puede usarse fácilmente para fines autoritarios. Mientras analizas los equivalentes a tuits y correos electrónicos de Orwell en busca de pistas, enseguida se hará evidente que las pruebas que presentas no son exactamente infalibles. La información que decidas compartir con las fuerzas policiales del país (sobre quién y en qué contexto) puede cambiar el transcurso de la historia. Incluso puede tener consecuencias nefastas para diferentes personajes.

Orwell empieza a hacer de las suyas cuando te muestra dos pruebas que se contradicen entre sí. Una publicación de un soldado de un ejército extranjero, que sabes que trabaja como espía para tu gobierno, sugiere que no es tan leal como dice ser, pero otra demuestra que, en realidad, sí está de tu lado. Un correo electrónico de un disidente puede llevar a pensar que se ha unido a una facción violenta, pero al mismo tiempo sus mensajes demuestran que está comprometido con las protestas pacíficas. En estos casos, solo puedes elegir una prueba para presentarla ante tus superiores. Así que tú decides qué imagen quieres darles de los personajes que vigilas. Sin embargo, no tienes control sobre las medidas que toma al gobierno a partir de esas pruebas, y puedes terminar provocando consecuencias inesperadas que hagan que los culpables salgan impunes, se arreste a inocentes y muera cualquiera que esté en medio.
Todo esto crea una sensación perturbadora. ¿Querría yo que alguien husmeara en mi cuenta de Twitter o mis correos electrónicos personales y emitiera juicios sobre mí? ¿Estoy juzgando bien la culpabilidad o inocencia de la gente basándome en unas cuantas fotos de sus teléfonos o mensajes que han enviado a otras personas? ¿Es posible ejercer este tipo de poder con buenas intenciones y evitar las consecuencias negativas?
Hacer que el jugador interprete papeles que nunca ha experimentado en la vida real (y sienta las emociones derivadas de estos) es una de las cosas más atractivas de los videojuegos. Orwell no es el tipo de juego que te ofrece una divertida fantasía de poder, sino que apela a emociones e ideas interesantes. Tiene el poder de hacer que te cuestiones tus creencias y, en mi opinión, esa es una de las capacidades más fascinantes y extrañas que tienen los videojuegos como medio.
Orwell está disponible en la Epic Games Store.