
Saviorless pretende poner a Cuba en el mapa de los videojuegos

Cuba no es un país conocido por su industria de los videojuegos. Pero en los últimos años se han producido algunos cambios culturales drásticos en la isla con la llegada de internet. No tienen una buena conexión a internet (es una red móvil a través de distintas VPN que limitan la velocidad), pero es suficiente para que los desarrolladores empiecen a comunicarse a distancia, y también para que el pequeño equipo independiente de Empty Head Games cree el juego de acción y plataformas Saviorless.
Después de una exitosa recaudación de fondos en 2017 utilizando el incipiente acceso a internet que estaba empezando a aparecer en el país en ese momento, Empty Head Games y Saviorless terminaron ganándose el título de "el primer videojuego indie cubano".
"Creo que la verdadera importancia del desarrollo de Saviorless no radica en la dudosa distinción de ser el primero (un hecho con poco valor real), sino en el potencial de convertirse en el primer juego indie cubano en alcanzar el éxito y la visibilidad global en consolas y plataformas en línea", señala Josuhe Pagliery, el líder del proyecto. "Ese es el verdadero logro, un catalizador potencial para la escena cubana del desarrollo de videojuegos".

Saviorless es como un INSIDE, pero más brillante y centrado en el combate; una combinación de plataformas y acción con un enfoque en evitar enemigos. Es una historia contada por tres narradores (dos de ellos nuevos e ingenuos, otro mayor y chapado a la antigua) y el juego representa el conflicto a través de sus enfoques. Saviorless es un juego de obstáculos, de esquivar peligros y superar retos, y nada de eso es casualidad.
"Cuba presenta una serie de obstáculos para los aspirantes a desarrolladores de videojuegos", nos cuenta Pagliery. "A diferencia de muchos otros países, no hay una industria establecida de la que aprender o en la que inspirarse. La realidad social añade otra capa de dificultad: la escasez de recursos, las infraestructuras y la precaria situación económica hacen que el desarrollo sea una constante batalla cuesta arriba. Los creadores inexpertos se enfrentan a la falta de acceso a la inversión, a los mercados internacionales y a profesionales cualificados en diversos aspectos de la producción de juegos. La ausencia de un mercado local para los videojuegos, combinada con los frecuentes cortes de electricidad y la lentitud de internet, limita aún más las posibilidades de monetización".
Y todo ello se suma a la dificultad y complejidad propias de la creación de un videojuego.
El acceso a internet ha hecho que estas dificultades se puedan superar, aunque venga acompañado de una alta latencia y frecuentes interrupciones, y no haya internet doméstico de banda ancha. "Incluso con acceso a internet y una mayor velocidad, el desarrollo de videojuegos sigue necesitando mucho tiempo para realizar ciertas tareas", explica Pagliery. "Por ejemplo, enviar una actualización del juego a un programador no es un proceso tan simple como 'subirlo a la nube'. Tenemos que copiar todo el proyecto en un disco duro externo, desplazarnos físicamente hasta el ordenador del programador y copiar de forma manual los cambios, porque de lo contrario nos llevaría demasiado tiempo subir los cambios una y otra vez".

Teniendo esto en cuenta, el juego resultante es una especie de milagro. Saviorless es de una gran belleza, dibujado a mano y con animaciones muy detalladas. No hay dos niveles iguales y sus desafíos están en constante evolución a medida que nuestro personaje, Antar, intenta llegar a las Smiling Islands (Islas Sonrientes) y convertirse en un Savior (Salvador).
"A nivel cultural, Cuba siempre ha sido una nación afortunada", explica Pagliery. "A lo largo de la historia, hemos producido artistas de primer nivel en casi todas las formas de arte: danza, música, artes visuales, literatura... aportando referencias de importancia global al selectivo registro del arte mundial. Este rico patrimonio cultural de cinco siglos que heredamos alimenta nuestro sueño -incluso como desarrolladores independientes en un espacio limitado- de alcanzar algún día algo similar con nuestro trabajo".
Aunque Saviorless es un trabajo en equipo, Pagliery aporta mucho talento. Es licenciado en Bellas Artes, se ha formado en animación y ha trabajado en escultura, literatura, música y producción audiovisual. De hecho, fue uno de los fundadores del famoso colectivo musical cubano La Teoría Dorada de Popeye.

A pesar de todo, el juego ha tardado en hacerse realidad mucho más de lo previsto. Durante la campaña inicial de recaudación de fondos de 2017, Saviorless tenía como objetivo su lanzamiento en 2018. Mirad el calendario y veréis que ya no estamos en 2018. ¿Qué pasó?
"Nuestra inexperiencia, combinada con los retos de desarrollar un videojuego en Cuba y un poco de mala suerte, contribuyeron al retraso", comenta Pagliery con una franqueza reconfortante.
Pero decir "un poco de mala suerte" es quedarse corto. En 2017, Estados Unidos cerró su embajada cubana a raíz de las denuncias de que el personal padecía misteriosas enfermedades, lo que dificultó en gran medida la obtención de visados para entrar en Estados Unidos. "El cierre de la embajada estadounidense y la posterior supresión de la Innovadores Foundation (una organización sin ánimo de lucro que promovía proyectos cubanos en Estados Unidos), dejó a Saviorless sin acceso a financiación extranjera", indica Pagliery. "Poco después, el programador original abandonó el proyecto, y también perdimos el nombre 'Savior', ya que era una marca registrada por un equipo de desarrollo de Portland. Para colmo, en ese momento, los fondos de nuestra campaña estaban casi agotados".
A finales de año, el pequeño equipo, al que se unió David Darias, tomó la difícil decisión de desechar lo que tenían hasta entonces y empezar de nuevo, con lo que se sintieron mucho más desconectados. "En completo aislamiento, nos volcamos en la creación de una demo con el objetivo de presentarla a todas las editoras que pudiéramos. Acabamos creando tres demos, cada una con una mecánica única, que en esencia equivalían a desarrollar tres pequeños juegos distintos, financiados totalmente de nuestro bolsillo".
Pero por muy cerca que estuvieron de llegar a acuerdos de publicación, los problemas relacionados con su estancia en Cuba echaron por tierra sus intentos y estuvieron a punto de darse por vencidos. "Desanimados por años de trabajo infructuoso", continúa Pagliery, "y conscientes de que llegar a la escena internacional y a múltiples plataformas sin una editora era imposible desde Cuba, contemplamos la posibilidad de lanzar una gran demo gratuita como despedida".

Entonces, en el último momento, la filial editorial de Plug In Digital, Dear Villagers, se puso en contacto con ellos. "Depositaron su confianza en dos desarrolladores desconocidos de un país sin historia en la industria de los videojuegos, confiando en que cumpliríamos nuestra vieja promesa. Después de tres años de incansable esfuerzo, de lucha contra el COVID-19, de los agobiantes cortes de electricidad y de la alegría del nacimiento de mi hijo Renato, por fin vencimos las adversidades y completamos el proyecto que comenzamos hace siete años".
Es una historia de desarrollo extraordinaria y el resultado habla por sí solo. Puede que Saviorless no sea realmente el primer videojuego cubano, pero parece que podría ser el primero en alcanzar el éxito internacional. En palabras de Pagliery: "Estoy orgullosísimo de lo que hemos conseguido. Dadas las circunstancias, no creo que pudiéramos haberlo hecho mucho mejor".
Saviorless ya está disponible en la Epic Games Store.