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Adelanto de SILENT HILL f: un regreso con confianza digno de la icónica saga de terror

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Charlie Wacholz
8 sep 2025

Con la fecha de lanzamiento de SILENT HILL f a la vuelta de la esquina, Konami invitó a un grupo de medios a probar las primeras horas de una versión preliminar del juego en la gamescom. Incluso siendo una persona asustadiza que observa el juego entre las rendijas de los dedos temblorosos, que duerme con la luz encendida después de jugar y que no se lleva del todo bien con los títulos de terror, no puedo evitar sentir emoción ante la posibilidad de ver más del juego. Por un lado, porque SILENT HILL f tiene una historia emocionante (y un elenco adolescente muy convincente y sorprendentemente bien escrito); por el otro, porque es una interpretación interesante del género de terror de supervivencia que combina a la perfección la tensión y la gestión de recursos que tanto amamos de este género con un estilo de combate ingenioso que nos obliga a fijar objetivos y a esquivar ataques enemigos.

Superé las tres horas y media que me asignaron, y terminé dedicándole cuatro horas al comienzo de SILENT HILL f. Si bien siento que mi progreso apenas le hace justicia al tiempo que pasé jugándolo —en más de una ocasión provoqué la muerte accidental y perturbadora de Hinako, la protagonista, mientras atravesaba estos espacios etéreos cubiertos de neblina—, me quedé con mucho para pensar.
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SILENT HILL f comienza con Hinako huyendo de la casa de su familia luego de una discusión con sus padres por una comparación que realizaron entre ella y su “perfecta” hermana mayor, que no se encuentra por allí (aunque no creo que esté muerta). Mientras corre cuesta abajo para reunirse con sus amigos en la calle principal de Ebisugaoka, su pequeño pueblo de montaña, una espesa neblina se apropia del lugar. Envueltos en un aura de misterio, casi todos los habitantes del pueblo, a excepción de Hinako y algunos de sus amigos, desaparecen entre la neblina. 

Dado el entorno rural y la ambientación de la década del 60 de SILENT HILL f, siento que la situación es mucho más compleja que una simple y rápida herramienta narrativa empleada para aislar estos personajes y sus interacciones.

Verán, como muchas otras superpotencias que participaron en la Segunda Guerra Mundial, Japón atravesó una rápida revitalización que dio lugar a un significativo avance económico. En comparación con otros países que pasaron por pérdidas y devastaciones similares, el auge de la economía de posguerra de Japón fue tan extremo que, a menudo, los economistas y sociólogos la definen como un milagro. Con un lugar destacado y cómodo en el orden de posguerra como la tercer economía más grande del mundo y como un socio estratégico fundamental de Estados Unidos durante la Guerra Fría, visto desde afuera, el Japón de los años 60 podría resultar un escenario curiosamente optimista para un juego de terror.

Sin embargo, alcanzar, y finalmente superar, el nivel de PIB per cápita previo a la guerra —esta vez sin un imperio colonial de por medio— representó un elevado costo. Este país insular se industrializó. Y muy rápido. Las compañías que subsidiaba el gobierno necesitaban trabajadores para llenar sus fábricas. Y así llegaron ellos, atraídos por salarios más altos, medidas de protección laboral y una mejoría en la calidad de vida que el gobierno garantizó estableciendo una red de seguridad social e inversiones en diversos servicios urbanos, como el transporte público.
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Estas medidas impulsaron el comercio y las ganancias privadas, a la vez que provocaron una rápida urbanización de la sociedad japonesa, lo que dio como resultado que, prácticamente, la población de las ciudades principales y de los centros productivos se duplique, de un 37 % a un 72 % entre 1950 y 1970. Los avances tecnológicos ayudaron a contrarrestar los efectos negativos de la disminución de las poblaciones rurales en lo que respecta a diversas industrias, como la agricultura, donde la producción se mantuvo en un nivel justo y suficiente para ofrecer sustento a la clase trabajadora. Sin embargo, dichos avances no protegieron a los pueblos pequeños (como el ficticio Ebisugaoka) de sufrir un rápido despoblamiento, lo que provocó que las comunidades rurales terminaran en condiciones riesgosas y desfavorecidas.

Al aislar a este pequeño elenco conformado por cuatro estudiantes de secundaria, SILENT HILL f ubica las piezas en el lugar indicado y ofrece una ingeniosa observación sobre los horrores invisibles que acarrea el mundo moderno. El juego marca un contraste entre la segura resistencia de los personajes contra enemigos demoníacos y un espacio que ya estaba condenado de antemano, sin importar quién logre sobrevivir al embate de los enemigos con pinta de espantapájaros que se arrastran por los pequeños arroyos, arrozales y tiendas de Ebisugaoka.

Fui testigo de cómo el pavor empujó a los personajes de SILENT HILL f en diferentes direcciones. Hinako sirve de contrapunto para las penurias que traen estos tiempos cambiantes. Ella no encaja con las cualidades convencionales que debería tener la típica hija ideal que vive en un pueblo pequeño y, por lo tanto, su caracterización y personalidad exhiben complejos matices. Con un claro trauma provocado por la ausencia de su “perfecta” hermana mayor, Hinako soporta la carga de las expectativas con la confianza resiliente que caracterizó la segunda ola del movimiento feminista, que comenzó a arraigarse en las sociedades de todo el mundo durante los años 60. Ella no quiere —y quizás no puede— ser como su hermana, quien logra proyectar una enorme sombra desde la distancia.

Sin embargo, no se debe confundir la confianza de Hinako con la de un adulto. Sus relaciones aún son muy juveniles y mantienen su personaje arraigado en la realidad (a veces aterradora) de ser una adolescente. Esto genera una dinámica verosímil entre ella y sus amigos, Shu, Sakuko y Rinko, las únicas personas que quedaron en Ebisugaoka.
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Si bien no llegué a conocer la historia completa, las partes que jugué conforman una red convincente entre Hinako, Shu y Rinko que permite que el terror psicológico y la trama enfocada en los personajes —ambas cualidades emblemáticas de SILENT HILL f— se apoderen de la experiencia como si se tratara de una densa neblina. Al ser oriundos de un pueblo pequeño (que parece achicarse cada vez más), estos tres personajes se conocen desde hace mucho tiempo. Rinko se siente atrapada e ignorada constantemente por un Shu desinteresado, que parece tener más afinidad por Hinako. Ella quiere huir. Al igual que muchos trabajadores que migraron en masa hacia las ciudades, Rinko intenta seguir el mismo camino y, eventualmente, traiciona a su vecino para perseguir un espejismo imposible.

Al mismo tiempo, Shu tiene una presencia un tanto ambigua que, en ocasiones, resulta incluso sospechosa. Shu es amigo de Hinako desde la infancia y parece decidido a perseguir un sentimiento de nostalgia. No parece importarle mucho el interés que Rinko siente por él y, a simple vista, parece estar enamorado de Hinako; sin embargo, él solo quiere que las cosas vuelvan a ser como antes, cuando él y Hinako jugaban en el arroyo durante su infancia. Se siente apropiado que un amigo varón —quien, sin percatarse, establece una grieta entre dos muchachas jóvenes— esté obsesionado con el pasado. Esto funciona como una crítica al tema y construye un sentimiento antifeminista que nace como un producto erróneo de la nostalgia.

De todos modos, esto no significa que Shu fuera cruel o que estuviera en contra de la independencia de Hinako. Simplemente no se da cuenta de las cosas, es un muchacho adolescente que, por azar, se encuentra en el lugar y el momento equivocados, al menos por ahora. En función de su trasfondo y desarrollo de personaje, siento que Hinako no debería confiar en él, a pesar de que él todavía seguía firme al momento en que abandoné el puesto de prueba.

Las escenas en las que estas dinámicas se desarrollan le agregan una capa adicional de horror a Ebisugaoka. La banda sonora, una combinación inquietante entre música folk japonesa y ruidos abrasivos, me mantuvo con la piel erizada y la mandíbula tensa, a pesar de la estridente mezcolanza de idiomas diferentes que sobrevolaba el concurrido pabellón del centro de convenciones.
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Además, para mi sorpresa, el trabajo de cámara era muy bueno y transmitía una sensación de incomodidad durante toda la demo. Durante las escenas cinemáticas, la cámara abandona el enfoque típico y, a veces, sobreutilizado en los juegos contemporáneos y se ubica en una posición más lejana para mostrar objetos o ubicaciones antes de que los personajes entren en escena —como, por ejemplo, usando un espejo retrovisor convexo para crear un reflejo perturbador de Hinako mientras atraviesa la neblina. 

Incluso algunas secuencias de jugabilidad guionadas contribuyeron a aumentar la tensión, como un momento en que Hinako intenta atravesar una pasarela angosta (el típico recurso utilizado en algunos juegos para disfrazar las pantallas de carga mientras tu personaje se desliza lentamente a través de un espacio estrecho) y, tras ser interrumpida, se desvía hacia la otra dirección, lo que rompe con tus expectativas y escala la presión.

Aun así, durante la mayor parte de mi prueba de SILENT HILL f, Hinako fue la única protagonista y estuvo acompañada solo por sus pensamientos. Me sorprendió la importancia que le dio este adelanto a la exploración de las calles neblinosas de Ebisugaoka, mientras Hinako golpea enemigos que lucen como maniquíes armada con una tubería de plomo hasta que caen muertos al piso. 

El combate tiene un giro muy sorprendente que nos recuerda al estilo de los Souls. Si bien bajo ningún aspecto SILENT HILL f es un juego Soulslike —no subes de nivel con la misma moneda que pierdes cuando mueres—, el combate comparte, sin dudas, ese mismo ritmo lento y metódico que te obliga a fijar la cámara en tus enemigos, esquivar sus ataques e intentar encajar uno o dos golpes mientras administras tu barra de energía.

La mecánica de Concentración (Focus) hace un gran trabajo al tomar y combinar esos conceptos con la típica mecánica de gestión de recursos que uno encontraría en un juego de terror y supervivencia clásico. Mantener presionado un botón te hace entrar en el modo Concentración, el cual facilita la anticipación de los ataques enemigos para poder contrarrestarlos y consume el medidor limitado de Sanidad. 
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La Sanidad (Sanity) es, muy apropiadamente, un recurso finito en SILENT HILL f, similar a la munición de un juego de terror y supervivencia más convencional. Utilizar objetos curativos puede restaurar la Sanidad, al igual que interactuar con los santuarios que están dispersos por todo el juego. Estos santuarios, que funcionan como el punto de guardado de Hinako, también pueden generar Fe (Faith), un recurso que se obtiene al dar como ofrenda diversos objetos que ella va encontrando por Ebisugaoka y que puede utilizar para conseguir mejoras.

Esta fusión entre el combate de bloqueos y esquives y un metajuego de terror y supervivencia da como resultado un sistema convincente y con mucho potencial, aunque no evolucionó demasiado durante lo que duró el adelanto. Dejando de lado la posibilidad de cambiar entre armas, el único combate que se alejó de una modalidad que consistió en golpear al enemigo varias veces fue una especie de minijefe —o al menos, un enemigo que se sintió como uno y que me hizo agotar todos mis objetos de curación y restauración de Sanidad para lograr vencerlo. Tuve que girar el torno de un pozo mientras esquivaba los vómitos tóxicos y los pesados embates de este monstruo corpulento y carnoso. Al final, logré sacar el balde del fondo del pozo (y la llave en su interior) y derroté a este enorme enemigo.

Correr por Ebisugaoka, colarse en las casas y atravesar callejones para encontrar objetos útiles o esquivar demonios son mecánicas que demuestran el grado de atención al detalle que NeoBards Entertainment y Konami pusieron al recrear un pueblo japonés de esta época. Es posible que Ebisugaoka esté vacío, pero se siente vivo. Los tablones del piso crujen, el barro se apelmaza por tus pisadas y las plantas bailan sacudidas por el viento. Todos los elementos del juego están diseñados y planteados con una escala realista y, luego de que la neblina se apodere del pueblo, Ebisugaoka se convierte en un aterrador laberinto. 

Si bien la mayor parte de este adelanto transcurre en Ebisugaoka y sus santuarios y granjas aledañas, en ciertos momentos vemos a Hinako deambular por un plano espiritual que recuerda al folclore japonés. Al momento de recorrer con dificultad esos jardines y santuarios olvidados y bañados por una tenue luz roja, SILENT HILL f hace gala del terror psicológico que se esperaría de la saga. Con visiones que muestran representaciones intrigantes y perturbadoras de Hinako y su familia, el juego logra magistralmente poner a prueba la sanidad de la joven protagonista.
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Con pequeñas similitudes con el mundo real, este reino onírico abre o cierra de manera conveniente ciertos aspectos de la trama y constituye un espacio en el que Hinako debe desentrañar lo que acaba de ocurrir o prepararse para lo que viene. No pude ver mucho de esta realidad alternativa, pero siento que allí se esconde el secreto para que Hinako pueda escapar de lo sucedido en Ebisugaoka.

Durante las primeras horas de juego, SILENT HILL f ubica muchas piezas en el lugar indicado y creo que seguirá haciéndolo durante el resto del título. Me llevé una grata sorpresa y siento mucho interés por ver cómo SILENT HILL f logrará seguir reflejando este momento tan particular de la historia de Japón y del mundo, y cómo se desarrollarán las dinámicas entre los personajes. Además, si bien los enfrentamientos que hilan los puntos fuertes de la historia parecen un tanto básicos, los conceptos que los unifican constituyen un gran espacio digno de una ingeniosa evolución.

SILENT HILL f se lanza el 25 de septiembre en la Epic Games Store y ya está disponible para su precompra.