
En el modo JcJ Invasión de Sniper Elite: Resistance somos el cazador y la presa

Me paso todas las tardes jugando al modo Invasión de Sniper Elite: Resistance, y es que permite unirse a la partida de otro jugador en plena contienda en el bando de la resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial para, luego, pasarse al bando contrario.
¿Cómo? El bando contrario es el de los malos, ¿no? Y tanto que lo es, el de los malos malísimos, la peor calaña. Si tenéis un poco de ética, se os revolverán las tripas de lo lindo, ya veréis. Al menos, eso sí, es una situación consentida. Los jugadores habilitan la partida para el modo Invasión, un poco como invitar a Drácula a su casa; y no solo invitarlo, también desafiarlo: "No vas a tener narices de encontrarme, chupasangre paliducho, ¡vete a morder una piedra!".
Aunque morder, morderá.
Acecho en St. Raymond
Meterse en la partida empezada de otra persona es adentrarse en lo desconocido. Cada persona juega a Sniper Elite: Resistance de una manera distinta. Podríais véroslas en las complejas calles de St. Raymond, una pintoresca ciudad francesa coronada por una iglesia en un extremo y un fuerte en el otro. Bajo estos enormes monolitos de fe y beligerancia hay un laberinto de estrechas calles y pasajes moteado de edificios bajitos y cafeterías en las plantas superiores. Sin duda, un destino vacacional salpicado de plazas con fuentes en las calles y cajas fuertes bajo tierra.
En una ocasión normal, sacaría la cámara, no un fusil Gewehr 43 con cañón personalizado, pero en esta partida, los cadáveres estaban por todas partes. Mi enemigo, fuese quien fuese, se estaba mostrando de lo más hostil y no dudaba en dejar los cuerpos sin vida expuestos, y es que se pueden ocultar para no levantar sospechas. Por desgracia, ninguna de las víctimas tuvo el detalle de usar su propia sangre para dibujar un mapa detallado con la ubicación del francotirador cuando fueron abatidas. Esto era cosa de dos.

Lo lógico sería pensar que, al ser francotirador, debía buscar una zona elevada, pero adentrarse con otro francotirador oteando las calles era demasiado peligroso. Eché un vistazo alrededor y me fijé en que había un andamio junto al chapitel de la iglesia, un lugar ideal para un francotirador.
Mi avance se convirtió en una ruta zigzagueante repleta de sigilo y desplazamiento a rastras. Me convertí en una sombra, una exhalación, un fantasma. Me mantuve alejado del chapitel de la iglesia y de cualquier ventana abierta o puerta y, desde luego, de cualquier cosa que se asemejara al cañón de un fusil.
No obstante, en la iglesia no encontré cobijo, es un lugar tan cavernoso que también era blanco fácil para un francotirador. Me dispuse a correr a gachas por las escaleras, pegado a las paredes como una lapa.
Al llegar a mi destino, me encontré un arma y un charco de sangre. Estaba claro que mis pasos eran los correctos, pero había llegado bastante tarde. Al menos, había alcanzado una posición ventajosa y estaba agazapado en las alturas como tu enemigo y vecino Spider-Man. Examiné la zona, pero los escasos movimientos parecían procedentes de soldados olvidados a los que habían pillado desprevenidos. Los identifiqué para ver si reaccionaban.
Tras unos instantes, decidí ponerme en marcha. El andamio tenía una tirolina que llevaba al centro de la ciudad, así que grité "¡Jerónimo!" y me lancé, algo de lo que me arrepentiría más pronto que tarde...

La tirolina me dejó junto a un teléfono de Invasión, un dispositivo telepático muy práctico que da una idea de dónde se encuentra la persona a la que andas buscando. Lo hice sonar y apareció un icono que revelaba la ubicación del cobarde asesino. Lo curioso era que esta apuntaba a la zona exacta desde la que me había lanzado en tirolina...
No lo había estado siguiendo, él me había estado siguiendo a mí. Acto seguido, vislumbré un breve destello de luz propio de una mira telescópica apuntándome y viví a cámara lenta (con todo lujo de detalles anatómicos) lo que se siente al recibir el impacto de una bala.
Bien jugado, JasonBloodBourne,
un enemigo de armas tomar.
Pese a la derrota, sigo jugando a menudo a Sniper Elite: Resistance y al modo Invasión. Existen muy pocos juegos que permitan invadir el espacio seguro de otra persona, y eso es como tener un sitio en primera fila para contemplar su mente. Me he enfrentado a jugadores molestos merodeando ciudades enteras repletas de enemigos con la intención de no dejar rastro de su existencia o implicación. A esos los he eliminado a casi todos.
He luchado contra gente que jugaba como si esto fuera Wolfenstein, disparando balas sin ton ni son, sin tener en cuenta su munición o activando alarmas constantemente. Esos no son francotiradores de élite bajo ningún concepto.
En una ocasión, entré en una partida que pensaba que se había estropeado: no solo imperaba el silencio, estaba ausente de vida, era un receptáculo vacío... Allá donde mirase, no había rastro de vida o muerte, ni un solo cadáver.

Me arrastré, caminé, me tropecé y me desplacé sigilosamente de forma interminable hasta que me topé con su gran obra: una pila de cadáveres en una habitación. Que quede claro que esto no es el objetivo de ninguna misión, el juego no pide que acumules cuerpos sin vida en una sala. Esta persona se había pasado por el forro el material informativo de Sniper Elite y había convertido aquello en la guarida de un asesino en serie.
Nunca en mi vida me había sentido tan aterrorizado. Sin embargo, aquello tenía fácil solución: dejé una mina en la habitación de los cadáveres y, unos instantes más tarde, recibí mi recompensa a modo de explosión.
El balcón del terror
Venga, la última historia antes de que me vaya a jugar de nuevo y me una a la cacería.
Hay un nivel que se llama "Sabotaje del tren Sonderzug", una excursión nocturna en la que un enorme edificio se yergue en el oscuro firmamento. El escenario es inmenso, pero casi siempre se termina luchando alrededor de este edificio. Tiene una disposición interesante con un área abierta en el interior, escaleras alargadas hacia la parte superior y un laberinto de habitaciones. También hay un montón de cañerías y ventanas abiertas, de modo que se puede entrar y aguantar la posición, pero siempre es fácil que se cuele alguien.

Así que me dispuse a seguir mi instinto y algún que otro chasquido de fusil. Me encaramé a la parte exterior del edificio como unas tres veces, entrando y saliendo constantemente para desconcertar al enemigo. Entonces, volví a oír ruido fuera... ¿Acaso me habían engañado? Estaba en la planta superior y me apresuré a gachas hacia un amplio balcón abierto. A mis pies, reinaba el caos y las alarmas abrumaban toda la plaza. Saqué los prismáticos y me dispuse a otear el horizonte, un movimiento peligroso desde mi posición, ya que estos también lanzan destellos de advertencia; me había convertido en un faro, básicamente.
Tras un minuto analizando la situación, volví a oír el chasquido delator de un fusil, pero esta vez estaba mucho más cerca de lo esperado.
Habíamos estado todo el tiempo a unos 5 metros de distancia en el mismo balcón...
Esta vez, no os voy a contar quién ganó la batalla, porque ambos habíamos perdido ya en ese preciso instante.

Sniper Elite: Resistance ofrece grandes momentos. El modo multijugador es divertido, el cooperativo es sorprendente y el Invasión es una de mis experiencias favoritas. No me siento orgulloso, cuando mi madre me llama y me pregunta qué he estado haciendo todo el día, mascullo no sé qué sobre relaciones internacionales y cuelgo
para, acto seguido, seguir cazando.
Sniper Elite: Resistance ya está disponible en la Epic Games Store.