
En Tchia experimentaréis la esencia de la fotografía

Hay algo profundamente gratificante en viajar a algún lugar en compañía de una cámara. Sumergirse en entornos desconocidos, empaparse de las vistas de nuevos escenarios y capturar la esencia de una cultura diferente a través del objetivo. Es un acto con el que conservar y compartir momentos y que puede aumentar el interés y ayudar a crear recuerdos duraderos.
La fotografía dentro de los juegos también permite vivir esta experiencia en cierta manera. Cada juego ofrece un nuevo mundo fantástico en el que perderse, y los modos de fotografía integrados ofrecen a los jugadores las herramientas que necesitan para desarrollar su creatividad y capturar un pedacito de ese lugar. Y esto es algo que hace muy bien Tchia, la aventura tropical de mundo abierto de Awaceb.

Tal vez una manera mejor de explicarlo sea decir que Tchia posee una comprensión excepcional de las raíces de la fotografía como una forma de arte, que logra capturar su espíritu intangible y ofrecer algo diferente del típico modo de fotografía de los videojuegos.
Y no, no solo me refiero a la habilidad única de realizar saltos astrales del personaje principal, Tchia (aunque poder volar como un pájaro, nadar como un delfín o propagar el fuego es, sin duda, bastante especial), ni tampoco al hecho de que esta sea una historia de maduración bastante más oscura de lo que sugieren sus gráficos de estilo caricaturesco.
Lo que hace que Tchia sea una experiencia fotográfica excepcional es el uso de una cámara analógica tradicional, que hace que el acto de sacar las fotos sea tan satisfactorio como las propias imágenes.
Puede que una cámara de carrete no ofrezca la tecnología más avanzada, ni mucho menos, pero incluirla os adentra en el mundo de Tchia y crea un vínculo con él. En lugar de congelar el juego y separaros de él, la cámara de Tchia es un objeto del juego, inherente a la experiencia. Si veis algo interesante, podéis sacar la cámara y mirarlo desde la perspectiva del personaje mientras el mundo sigue moviéndose y viviendo a vuestro alrededor. Os da la oportunidad de capturar el mundo, no de controlarlo.

Antes de poder hacer todo esto, tendréis que conseguir la cámara, ya que no está disponible desde el principio. No se tarda mucho. Lo único que tenéis que hacer es avanzar un poco en la historia hasta el capítulo IV, "El coutume", que no está tan lejos en el juego como podría sonar. Un personaje llamado Louise le regalará a Tchia una de sus cámaras y la animará a sacar montones de fotografías durante su aventura. Desde ese momento, además del tirachinas, la linterna y la brújula, podréis usar la cámara cuando queráis.
Es cierto que sus funciones son bastante básicas y que pueden parecer algo limitadas al principio, pero eso forma parte del encanto. Tras el maravillosamente pintoresco visor con relación de aspecto 3:2 tendréis una selección de seis objetivos diferentes que os ofrecerán desde un gran angular de 18 mm hasta un zoom teleobjetivo de 100 mm, además de la posibilidad de enfocar de manera completamente manual. Además, gracias al práctico plano de enfoque vuestras fotos siempre saldrán nítidas, y la profundidad de campo se ajusta de manera automática con un bonito desenfoque.

La cámara también dispone de un flash de corto alcance y de una serie de filtros de color, y es aquí donde Tchia comienza a mostrar todo lo que su cámara puede hacer. Los filtros vienen en forma de diferentes cartuchos de película para la cámara de la vieja escuela, y no veréis sus efectos en el momento de hacer la foto. Ni siquiera podréis ver previsualizaciones, por lo que, hasta que no adquiráis un poco de experiencia con cada uno, tendréis que conformaros con las descripciones. "Película a color" ("Color Film"); vale, bien. "Película en blanco y negro de alto contraste" ("High Contrast Black & White Film"); podría estar bien. "Película retro con tinte rojo vino" ("Red Wine Tinted Vintage Film"); ¡esta hay que probarla!
Para poder ver los efectos de cada tipo de película, tendréis que sacar algunas fotos (hay espacio hasta para 50) e ir a alguno de los cuatro pequeños cuartos oscuros del juego, llamados kits de fotografía. Allí podréis revelar la película y ver por fin qué habéis capturado. Podréis pensar que todo esto suena un poco pesado e incómodo, pero recordad que precisamente así era antes la fotografía, y a mí me parece un detalle genial.

Al igual que el mapa de Tchia renuncia a los marcadores de puntos de ruta y os pide que prestéis atención a vuestro entorno y a los objetos para orientaros, el funcionamiento de la cámara es más analógico. Se remonta a una época anterior a los teléfonos inteligentes con IA o la navegación por satélite y nos recuerda que no todo tiene que ser inmediato, instantáneo y desechable para tener valor.
Y, lo que es más importante, hace que los jugadores se impliquen más en el proceso de sacar fotos. Sin daros cuenta, os encontraréis pensando de qué manera hacer vuestras fotos y tomando decisiones premeditadas sobre qué estilo de película puede ir mejor con una escena determinada. De esta forma entrenaréis vuestra mirada artística. Además, el hecho de que no sepáis si habéis conseguido la foto que queríais hasta después de haberos marchado y revelado la película añade peso a cada decisión y hace que un resultado perfecto resulte especialmente gratificante.

Poneos en marcha y no dejaréis de encontrar cosas que fotografiar. El maravilloso archipiélago de Tchia está inspirado en la tierra natal de los creadores del estudio, Nueva Caledonia, y ofrece unas vistas absolutamente impresionantes. Biomas variados, climas cambiantes, impactantes lagunas azules… Todo invita a sacar la cámara. Los pintorescos habitantes también son buenos sujetos, e incluso se paran y posan si ven que la cámara les está apuntando.
Cámara en ristre, Tchia se convierte en un campo de juegos visual repleto de oportunidades para experimentar, y guarda un último as en la manga que lo hace aún más divertido. Configurad el temporizador de la cámara y Tchia la colocará en un trípode. Esto os dará tiempo suficiente para poneros delante de él y salir en la foto. ¡Hasta funciona debajo del agua!

No voy a pretender que las fotos siempre salen bien. Puede ocurrir que un personaje pestañee en mal momento o que no llevéis la película adecuada en la cámara. He sacado montones de fotos "malas" que no salieron como yo quería en un principio. Pero no por eso resulta menos divertido intentarlo.
Cada viaje por la isla se vuelve más memorable gracias a la cámara de Tchia, y volver al kit de fotografía y ver qué hay en último cartucho siempre es divertido. Cualquiera que recuerde el acto de llevar a revelar los carretes de la cámara sabrá exactamente a qué me refiero. Y todo el que no tenga la edad suficiente como para haber experimentado tal alegría debería aprovechar esta oportunidad para hacerlo.

Suelo decir que sacar una sola buena fotografía, aunque el resto no sirvan para nada, hace que viajar con cámara haya valido la pena; diría que esto también se aplica a este juego. Lo más importante no es tanto el resultado final como el haber formado parte del proceso, así como el modo en el que la cámara os conecta con el mundo a otro nivel por el simple hecho de haceros observarlo. Eso es lo que consigue Tchia con unas sencillas herramientas.
Si queréis crear y conservar vuestros propios recuerdos, podéis encontrar Tchia en la Epic Games Store.