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The Legend of Khiimori "cabalga" y avanza en los simuladores de montar a caballo en un mundo abierto

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Francisco Dominguez
18 feb 2026

En lo que a simulaciones de montar a caballo en un mundo abierto se refiere, The Legend of Khiimori no es el primer rodeo de Aesir Interactive. Durante el desarrollo de la saga Windstorm, cuyos juegos tratan sobre aprender a manejar un semental para que pase de un galope suave a un galope espectacular, el equipo descubrió que solían fijarse en los famosos jinetes de Mongolia para inspirarse. 

Estos jinetes expertos llegaron a ser el terror de Asia central y merecen ser algo más que una simple referencia. El director creativo, Gérard Lehiany, nos explica la manera en que The Legend of Khiimori, en colaboración con los institutos de historia de Mongolia, les da el papel protagonista que merecen.

En la Mongolia del siglo XIII, la gente y los caballos no se entendían por separado. Era casi un acuerdo simbólico: resultaría muy difícil atravesar las vastas estepas de Mongolia sin uno, y también lo sería sobrevivir a los pasos de montaña sin protegerse del frío con el calor siempre fiel de vuestro corcel.

"En todos los juegos que hemos hecho sobre caballos, hemos dicho: '¿Verdad que molaría poder saltar hacia un lado y coger cosas del suelo como solían hacer los mongoles?'. Pero nunca pudimos profundizar en ello. No era el juego que estábamos creando", afirma Lehiany. "En este país la gente tiene una visión única sobre cómo montar a caballo y sobre la relación que tienen con ellos. ¡Deberíamos visitarlos para conocer esa cultura!".

En casi todos los casos, los mongoles que salen en los videojuegos han sido Gengis Kan y su ejército mongol. En lugar de centrarse en un periodo marcial que se arriesga a tratar demasiado sobre una de las figuras más temibles de la historia, The Legend of Khiimori se desarrolla poco después de su muerte. "No queríamos hacer un juego bélico", explica Lehiany. 
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En lugar de poneros en la piel de un guerrero, seréis Nara, una mensajera Yam cuyas tareas comprenden la entrega de mensajes y mercancía a través de las estepas mongolas. Y no es un trabajo tranquilo. De hecho, resulta ser tan relevante como cualquier batalla a la que se enfrente uno de los comandantes de Gengis Kan.

"Esa red de misiones de mensajería fue en realidad lo que hizo que el país sobreviviera", dice Lehiany. "Gracias a la interconexión de las tribus después de la guerra e incluso durante el conflicto, se pudo mantener un país unido".

Con esto no queremos decir que sea un Death Stranding con caballos. Como parte de la red de mensajería, vuestra noble responsabilidad hace que seáis un canal para la información y la innovación tecnológica. Los últimos descubrimientos, ya sean las nuevas formas de caligrafía o el conocimiento para orientarse y planificar rutas con solo mirar las estrellas, llegan a través de vosotros.

Sin embargo, algo que sí comparte con el interesante y extraño simulador de entregas de Kojima Productions (o los simuladores literales de paseos que siguen sus pasos inestables como Baby Steps) es una fijación por hacer que la travesía sea interesante y tenga la clara intención de planificar rutas. Esto significa que Lehiany debe enfrentarse al viejo dilema de los juegos de mundo abierto: ¿Cómo haces que el trayecto de A a B sea divertido?
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Esto no se resuelve solo con subir al jugador a un caballo, aunque la velocidad y físicas emocionantes que se viven al montar a caballo siempre ayudan. Lo que de verdad importa es la gran variedad de terreno y vida silvestre, y la forma en que vuestro caballo interactúa con ellos. The Legend of Khiimori trata a estos animales con la misma complejidad, atención al detalle y adoración que los juegos como Gran Turismo les ponen a sus vehículos. 

"Hay cosas que van en tándem. Tienes que analizar las cosas que estás llevando y mirar el mapa con otros ojos", aclara Lehiany. Por ejemplo, un caballo de mucha resistencia podrá subir pendientes pronunciadas, mientras que un caballo fuerte podrá atravesar ríos profundos que agotarían a monturas más rápidas y esbeltas. Sin embargo, esas monturas más rápidas pueden saltar barrancos que sus compañeros de cuadra de más peso no se atreverían a cruzar. Todo esto es una alquimia caótica de la combinación del terreno, la habilidad de vuestro caballo y lo que llevéis en la mochila.

Por no mencionar lo que Lehiany llama "sistemas silenciosos", que dotan a cada caballo de su propia y alegre personalidad. Tendréis muchos jinetes en el equipo que sabrán qué peculiaridades deben tener en cuenta. Un caballo desconfiado mantendrá el contacto visual para vigilaros e incluso se girará para hacerlo cuando le ajustéis la silla. Algunos se pondrán a jugar en cuanto desmontéis, mientras que otros esperarán con paciencia y satisfacción.
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En The Legend of Khiimori, como en la vida, estos rasgos tienen que ver con la genética. Al igual que en los juegos anteriores sobre caballos, un sistema de cría de caballos consiste en que los jugadores personalicen el suyo según sus preferencias personales. En algunos aspectos, es algo muy científico. Evaluaréis sus rasgos y fenotipos, incluso su código genético. Pero en otros aspectos, cuenta con algunas de las creencias místicas de la antigua Mongolia. Al apartar a un caballo para que sea semental, podéis colocar una estatua o prender fuego a un tipo específico de hierba para determinar el sexo de su descendencia o potenciar atributos específicos.

Se trata de algo más que crear el ambiente para dos caballos que están a punto de formar su propia familia. "Cuenta la historia de su creencia y su misticismo", afirma Lehiany, que ha hecho todo lo posible para incluir la filosofía y el folclore de Mongolia en otros lugares, entre ellos, las leyendas que surgieron en torno a los supuestos poderes fantásticos otorgados a quien posea la silla de montar de Gengis Kan.

Puede que no sea un juego de guerra, pero The Legend of Khiimori no es un simple juego de caballos. En términos históricos, Mongolia también ha tenido fama por sus arqueros, pero el arma tiene un significado diferente en una cultura en la que a los animales sacrificados para obtener su carne se les concede un respetuoso ritual de consagración. Hizo falta un rediseño que tuviera en cuenta las misiones y el sistema de creación del juego para hacer hincapié en los alimentos, no en la codicia.

"Mongolia ha respetado muchísimo su naturaleza", dice Lehiany. "Hemos querido respetar eso y también el equilibrio. ¿Hay algún momento en el juego en que puedas matar conejos porque sí? No. Hemos tratado de hacer que el juego esté equilibrado para que no se caiga en esos comportamientos".
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Sus mecánicas de combate siguen el mismo principio. Si un oso os huele, un ataque letal vaciará vuestra aljaba. Por ello, se os anima a fabricar una bolsa de pólvora para tirarla al suelo y ahuyentarlo, o a crear una nube de humo que disimule vuestro olor bajo un hedor sulfuroso. Podréis escapar, pero seguiréis viendo el oso en el mapa como recordatorio útil.

Las estepas de Mongolia y el desierto de Gobi, recreados en el juego de una manera extraordinaria, son conocidos por sus fuertes vientos. Lehiany describe el viento como el "hilo conductor" por la forma en que sustenta cada sistema, e incluso el nombre del propio juego, ya que Khiimori en mongol es el nombre de una figura chamánica llamada "Caballo de viento". "El viento es un fenómeno muy presente en Mongolia. Cuenta muchas cosas", asegura Lehiany. 

No hace falta mencionar que el viento afecta a las mecánicas de tiro con arco. Al igual que otras desarrolladoras, el equipo tuvo que controlar sus ganas de lograr efectos de viento verdaderamente realistas cuando las fuertes ráfagas obligaban a los jugadores a apuntar en la dirección opuesta a la que esperaban que aterrizara su flecha. "Eso no resulta tan interesante y, además, hace que sea más complicado usar arcos y flechas en comparación con otros juegos", explica Lehiany. "Y los mongoles tienen fama de ser muy buenos en eso, así que tenemos que asegurarnos de que no sea demasiado complicado ser bueno con el arco".

Por lo demás, el sistema de viento funciona según lo planeado, y habrá más ajustes y mecánicas previstas para después del inminente lanzamiento en acceso anticipado. El viento transportará una nube de humo, por lo que una flecha de humo mal calculada hará que planee inútilmente en la distancia. La fauna salvaje detectará vuestra presencia por vuestro olor. Un paso expuesto en su camino exigirá una mayor resistencia, al igual que vadear un río.

"No se tiene un anemómetro, pero puedes mirar a tu personaje. Tiene plumas y ese tipo de cosas [en su traje]. Seguimos intentando dejarlo perfecto para que el jugador ni siquiera se dé cuenta de que está recibiendo información. Para que sea natural. Lo mismo pasa con el sonido del viento, que puede ponerte la piel de gallina". 

Abrigaos y añadid a vuestra lista de deseos The Legend of Khiimori, que ya está disponible en la Epic Games Store para su lanzamiento de acceso anticipado.