
The Messenger es la obra maestra multigénero que siempre has querido jugar

Desde sus inicios, los videojuegos han sorprendido y desconcertado a los jugadores jugando con sus expectativas. Ya hablemos de las zonas de tuberías (warp zones) ocultas los juegos de Mario , de un extraño jacuzzi en ToeJam & Earl o de un desarrollador que oculta sus iniciales en incontables clásicos retro como Adventure, los secretos y los giros son propios del género. Sin embargo, solo unos pocos juegos logran aunar una sensación constante de nostalgia y descubrimiento con unas mecánicas que sigan siendo divertidas y satisfactorias después de 20 horas de juego. The Messenger, de Sabotage Studios, es uno de esos pocos afortunados.
A primera vista, The Messenger es un homenaje directo a los clásicos juegos de plataformas de 8 bits, en especial a la serie Ninja Gaiden. Cuando se levanta el telón, la aldea de tu humilde ninja es atacada por malvados demonios y se te encomienda la misión de entregar un pergamino en la cima de una montaña. Al estilo clásico de los juegos de NES, correrás hacia la derecha, saltando por encima de pozos sin fondo y derrotando esqueletos, demonios y jefes imponentes con ráfagas de shurikens. Sin embargo, a medida que vas avanzando por los niveles, las cosas empiezan a ponerse un poco raras; cuando tu misterioso amigo el comerciante empieza a hablarte de desgarros en el tiempo, la verdadera naturaleza del juego empieza a revelarse.
Pasados los primeros niveles de estilo 8 bits, que culminan en una torre mucho más complicada que cualquier otra cosa que hayas visto hasta ese momento, algo sale desternillantemente mal y tu ninja acaba teniendo que encargarse de salvar el mundo. Es a partir de aquí donde The Messenger pasa de ser un juego de plataformas de acción retro a una especie de metroidvania simplificado. Tu ninja obtiene el poder de viajar a través de portales al pasado y al futuro, que se representan con estilos artísticos de 8 y 16 bits respectivamente. Estos portales no solo modifican la disposición de cada nivel, sino que también cambian la música de fondo, que pasa de las pegadizas piezas de 8 bits al rudo rugido multicanal de la Sega Mega Drive. Aunque el efecto es realmente impresionante, la banda sonora no necesita ninguna ayuda: es muy probable que sigas tarareando las melodías mucho después de terminar el juego.

Aunque The Messenger cambie a mitad de camino, no dejes que la influencia metroidvania te engañe: es un juego de plataformas de principio a fin. A pesar de que algunos de los jefes del juego pueden suponer un desafío considerable, la mayor dificultad del juego reside en sortear desafíos transversales. (Esto se vuelve todavía más cierto cuando tu ninja obtiene acceso al dardo de cuerda, que es esencialmente un gancho sofisticado). En la última parte del juego deberás regresar a los niveles anteriores para encontrar los MacGuffins que necesitas para derrotar al gran jefe final de una vez por todas. En mi opinión, estas secciones alcanzaron el equilibrio perfecto entre la simple exploración y el tener que considerar la disposición de cada zona para poder triunfar al final.
The Messenger tiene muchas cosas a su favor, pero quizá su mayor virtud sea su gran encanto. Desde las extrañas conversaciones con el comerciante hasta el curioso enfoque del título a la hora de desarrollar su mundo, rompiendo la cuarta pared, se trata de un juego que nunca se toma demasiado en serio a sí mismo. Sin embargo, bajo esa capa de absurdidad se esconde un juego increíble, con niveles bien diseñados, preciosos gráficos pixelados y una curva de dificultad fantástica. Si buscas un juego retro que esté a la altura de los verdaderos clásicos en lugar de simplemente extraer ideas de ellos, The Messenger es el juego que estabas esperando.
The Messenger ya está disponible en la Epic Games Store.