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El Time Commando viaja al pasado y arrasa con todo lo que se mueve
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Matt Paprocki
En Time Commando, te meterás en la piel de Stanley Opar. Nuestro protagonista, vistiendo un mono amarillo chillón, se adentra en un bucle temporal creado por un virus informático. Su objetivo: salvar el mundo. Debido a la lógica de los videojuegos, esto se traduce en soltar puños y patadas a diestro y siniestro a cavernícolas..., a samuráis... y a unos cuantos caballeros medievales. Ah, y también a vaqueros, a gente del mundo moderno y, llegado el momento, al propio virus.
Pocas cosas te alegran tanto la vida como Time Commando. A diferencia de otros títulos contemporáneos de temática similar, como Timecop, Time Trax o Timeslip (se ve que el "tiempo" molaba en los 90), este juego permite apalizar a señores de la guerra japoneses con una ráfaga de desmañados movimientos de kung-fu. Stanley Opar es el hombre de acción por antonomasia.
A lo largo del juego, diversos escenarios de vídeo prerrenderizados acompañarán a nuestro desesperado héroe. Stanley es un asesino despiadado, un agente de la corporación SAVE (Special Action for Virus Elimination, [departamento de acción especial para la eliminación de virus]) exaltado por un puñado de propaganda tecnológica. Al ver a estas figuras históricas evaporarse a base de porrazos, no dejo de preguntarme qué pensarían al ver a Stanley. Ellos, con sus pieles, armaduras, trajes de samurái y sombreros tejanos de forajido; y Stanley, por su parte, todo de amarillo, ("amarillo del futuro", para ser más exactos).

Time Commando no incluye tácticas de negociación precisamente: Stanley camina, se topa con alguien con pinta de enemigo y lo machaca. Seguro que sus víctimas se quedan con una sensación de perplejidad. Queda por saber qué pasaría si Stanley muriera en el Japón feudal. Time Commando no ofrece una respuesta.
Conforme el juego avanza, Stanley consigue un arma. Esto facilita las cosas... y las vuelve aún más confusas para quienes sufren su ira. Antes de eso, también consigue un garrote y una espada. Se ve que Stanley sabe usar cualquier arma; al fin y al cabo, es un asesino despiadado, por mucho que Time Commando lo retrate inicialmente como un genio de la informática. Al igual que pasaba con Gordon Freeman, de Half-Life, lo lógico es pensar que se ha pasado la vida preparándose para librar combates a vida o muerte. Es Rambo, pero con viajes en el tiempo.
Time Commando tiene la misma lógica que los dibujos animados del sábado por la mañana, por mucho que la violencia que muestra sea más "realista" que esos personajillos dibujados a mano. Todo ese miedo a que las máquinas acabasen con el mundo en el futuro resultaba muy racional e interesante en la década de los 90.
Y, por supuesto, si alguien me pidiera que viajase atrás en el tiempo para dejarle el ojo morado a un tigre prehistórico, la única respuesta lógica sería "¡Claro!". Es la premisa perfecta para un videojuego, perfectísima si me permiten llevar una insignia que me proclame como el inigualable Time Commando, ¡perfectérrima si me puedo llamar Stanley!
Time Commando está disponible en la Epic Games Store.