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Vampire: The Masquerade – Swansong destaca la banalidad del mal
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Thomas Wilde
En Swansong, un juego narrativo detectivesco, encarnas a tres vampiros que se ven arrastrados a un repentino vacío de poder en el mundo clandestino de los no muertos de Boston. Una fuerza desconocida atacó una gran fiesta al otro lado de la ciudad, y ahora la mayor parte de la aristocracia vampírica local está desaparecida o muerta. Sin más opciones, el gobernante vampiro de Boston os llama a los tres para que os ocupéis del problema.
Esto coloca a tus personajes en los poco adecuados papeles de detective, diplomático, solucionador de problemas y, ocasionalmente, asesino, mientras te esfuerzas para averiguar quién irrumpió en la fiesta y por qué. También requiere que te adentres en los entresijos de las diversas sociedades vampíricas que gobiernan Boston en secreto, que es donde empieza a calar el terror burocrático y silencioso de Swansong.
Terror en los márgenes
Desde que salió el juego de mesa en 1991, Vampire: The Masquerade ha explorado lo que se siente al jugar como el monstruo. El personaje siempre es un vampiro, normalmente uno recién convertido, y un tema central de la saga es la gestión del tira y afloja entre la humanidad de tu personaje, que se desvanece, y tus nuevos instintos vampíricos.
Ser vampiro es un proceso complicado y violento que a menudo implica matar, pero si te entregas por completo a tu lado depredador, acabarás siendo un asesino sin compasión. Quieres ser los vampiros de Los viajeros de la noche, pero necesitas ser los vampiros de Solo los amantes sobreviven.
Los diseñadores de Swansong han estudiado a fondo el funcionamiento de una civilización secreta de vampiros. A medida que exploras, tus personajes se encuentran con todos los niveles de la sociedad vampírica, desde ricos chupasangres en guaridas en áticos hasta adictos a la sangre en los muelles. Al final obtienes mucha información sobre cómo funciona el "noche a noche" de esta ciudad controlada por vampiros, y el consiguiente alto coste para los humanos.
La versión del terror que ofrece Swansong sobre la vida de los vampiros es lo suficientemente sutil como para sorprenderte sigilosamente, escondido en los márgenes del juego. A lo largo del juego, empezarás a darte cuenta poco a poco de lo deshumanizados que se han vuelto estos vampiros. Los tres protagonistas jugables de Swansong llevan no muertos décadas o siglos. Ya no hay muchas cosas de la vida como vampiro que les sorprendan, buenas o malas, y eso incluye su actitud ante la vida y la muerte.

Donde un vampiro salía de noche a la caza de viajeros solitarios, en el Boston de Swansong existe el "comercio de sangre". Los vampiros han creado redes de tráfico generalizadas para poder abastecerse de gente a la que morder de la misma forma que uno puede hacerse con un par de botellas de vino. En resumen, todo el mundo en Boston es ganado y no tiene ni la menor idea.
Swansong enseña la mecánica para alimentarse de humanos durante el tutorial. Al entrar en un bar privado que cubre las necesidades de los vampiros, a tu personaje le dan a elegir entre un vaso de sangre o una persona. Si matas a uno de estos "recipientes" bebiendo demasiada sangre, los vampiros que te rodean se lo tomarán como que has aguado la fiesta.
Un par de horas más tarde, investigarás un club nocturno que también es una especie de restaurante para vampiros, donde se ofrecen menús que enumeran el temperamento y la profesión de cada persona como si fueran sabores raros y exóticos. ¿Buscas relajarte? ¿Por qué no comerte a una profesora de yoga?
Si atraviesas las puertas exclusivas para empleados de ese mismo club, encontrarás una pila de cadáveres embolsados y cuidadosamente ordenados junto a un túnel que comunica el sótano del club con un río subterráneo. La gente muere en este club con tanta frecuencia que han convertido la eliminación ilícita de cadáveres en una ciencia.
En el tercer capítulo, te envían a negociar con una banda de vampiros anarquistas que se refugian en almacenes abandonados de los muelles de Boston. Si exploras la zona, podrás encontrar una forma de entrar en un garaje cercano. Está casi vacío, pero darás con varias personas tan drogadas que ni siquiera pueden moverse. Tardé un minuto en darme cuenta de por qué estaban allí. Había dado con la despensa de los anarquistas.
Algunos de ellos son fáciles de pasar por alto o se encuentran en partes opcionales del mapa, y todos ellos se presentan sin comentarios reales. Cualquier otro juego se habría asegurado de que te dieras cuenta de estos detalles con un buen susto o haciendo que un personaje te los explicara en profundidad. Si jugaras como un vampiro recién convertido, como en Vampire: The Masquerade - Bloodlines de 2004, puede que fueras lo bastante humano como para que algunos de estos detalles te parecieran terroríficos.
Sin embargo, en Swansong nada de esto sorprende a nadie. Estos vampiros, incluidos los protagonistas, son tranquilos, estructurados y eficientes, hasta el punto de que incluso los asesinatos en masa no son más que un problema logístico. ¿Cómo se llega a una veintena de personas a quienes nadie echará de menos y dónde dejas los cadáveres después?
Es un tipo de terror más lento que la mayoría de las historias del género vampírico, tanto dentro como fuera de los videojuegos. Funciona porque se trata como un asunto banal.
Villano por defecto
Tampoco se te da ninguna opción que afecte realmente al statu quo. Tus personajes existen para defender estos sistemas que los vampiros han construido. Tienes muchas opciones para hacerlo, pero ninguna de ellas implica ser un renegado.
Swansong te da mucha libertad para hacer lo que quieras en el desarrollo de la historia, incluida la posibilidad de que uno o varios de sus tres protagonistas acaben muertos. Incluso hay un par de ramificaciones ocultas de la trama que puedes encontrar si exploras, incluida una importante subtrama que se oculta tras un rompecabezas especialmente difícil. Me sorprendió lo flexible que resultó ser la narrativa del juego, sobre todo en un capítulo en el que te infiltras en la concurrida escena de un crimen.
Sin embargo, las decisiones que tomas tienen menos que ver con la moralidad que con el rendimiento personal o los daños colaterales. La condición para la victoria ideal de tus personajes consiste en hacer lo que se les dice, no dejar rastro, silenciar a todos los testigos y salir con vida al final. Estás aquí para garantizar que los vampiros son capaces de continuar su reinado sobre Boston, incluido el consiguiente número de cadáveres. Aquí ni siquiera eres tu propio monstruo: eres el conserje nocturno de los verdaderos monstruos.
No sé bien por qué, pero resulta novedoso. Swansong es un buen contrapunto a varios juegos a los que he jugado en los que te dicen que puedes hacer de malo si quieres, pero su idea del "mal" es ser un criminal de poca monta, un imbécil vengativo o una auténtica caricatura.
En Swansong, el mero hecho de existir en su mundo basta para hacerte sentir como el villano de la obra. La fuerza motriz de la saga Vampire es ese tipo de terror personal, y aquí, en Swansong, se abstrae en una especie de tedio homicida.
El personaje de Swansong que mejor encarna esto es uno de los protagonistas, Galeb Bazory, un vampiro turco que está a punto de cumplir 300 años. Galeb no se hace ilusiones sobre el proceder de los vampiros y tiene la sensación de que todo lo que hace es algo que ya ha hecho antes y que tendrá que repetir una y otra vez.

Ya sea romperle el cuello a un testigo desarmado, lavarle el cerebro a un policía inoportuno con una mirada o defenderse de cazadores de vampiros, Galeb ya lo ha hecho antes. Los otros protagonistas (la propietaria de un club nocturno, Marie-Marguerite "Emem" Louis, y la profeta loca Leysha) tienen sus propias subtramas, pero lo que más destaca es el cansancio de Galeb. Lleva tanto tiempo conociendo esta pesadilla que se ha vuelto poco sorprendente o incluso aburrida, y eso hace que los elementos que la componen sean peores en comparación.
Swansong tiene más que ofrecer al jugador que su terror existencial, por supuesto. Presenta rompecabezas ingeniosos, algunas secuencias tensas, múltiples finales y una narrativa ramificada en la que incluso las decisiones más pequeñas pueden acabar teniendo consecuencias a largo plazo. Tampoco teme dejarte triunfar de forma dramática o fracasar rotundamente, de modo que tus acciones pueden salvar o destruir por completo a los vampiros de Boston.
Sin embargo, lo que realmente lo convierte en una experiencia de terror memorable es su sentido de la banalidad. Supone mucho trabajo ser un monstruo chupasangre y, en Swansong, eres el desafortunado vampiro del escalafón más bajo que tiene que arreglar los desaguisados de los demás.