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Wolfenstein: The Old Blood, un juego de disparos en primera persona ideal para gente introvertida

J
Jeremy Peel
1 ago 2023

Los juegos modernos de Wolfenstein son famosos por su vívido elenco de personajes, entre los que se incluyen la variopinta familia de combatientes de la resistencia de los que se rodea B.J. Blazkowicz y los villanos que aparecen en las escenas en primera persona, que recuerdan a los momentos de tensión de Malditos bastardos.

Bueno, pues no es el caso en Wolfenstein: The Old Blood. En su primer acto, tira por la borda todo lo anterior. Sí, hay una breve introducción que empareja al jugador con Richard Wesley (la respuesta galesa a James Bond) en la que vemos a B.J. practicando su alemán antes de una operación encubierta y repitiendo: "Gu-ten mor-gan, gu-ten mor-gan". Pero enseguida se separan y se ven obligados a afrontar el castillo Wolfenstein a solas. Desprovisto de ostentosidades, The Old Blood hace gala de las mecánicas fundamentales de Wolfenstein: intrincados rompecabezas espaciales de sigilo que, inevitable pero afortunadamente, irán de mal en peor hasta convertirse en tremendos tiroteos en los que acabar con el enemigo de un par de escopetazos. O, más adelante, con cuatro balazos del Schockhammer.

Corre el año 1946 y la guerra sigue en curso; ya solo con esto sabemos que algo no va bien. Unos monstruos mecánicos han aterrizado en el campo de batalla mundial para inclinar la balanza a favor de los nazis. Los aliados preparan un asalto a la desesperada contra un complejo del que se sabe que salen las armas secretas del enemigo. Pero antes, tendrán que dar con la ubicación del complejo, que solo conoce la administradora del castillo Wolfenstein, la ocultista y cazatesoros Helga von Schabbs.

Wolfenstein: The Old Blood, un juego de disparos en primera persona ideal para gente introvertida - Sala
La formidable fortaleza asume un papel principal en The Old Blood, ya que se cierne en primer plano a medida que Wesley y el jugador se aproximan a sus puertas, y parece estar siempre observando mientras estás en su órbita, merodeando por los pubs y las casas flotantes de la cercana ciudad de Paderborn, así como en las excavaciones de Helga. 

Pero no importa cuánto hable B.J., que el castillo nunca responde. The Old Blood tiende hacia la soledad y evoca la inquietante, silenciosa e indómita perspectiva de juegos de disparos para PC del estilo de Half-Life. Las escenas cinemáticas que conectan los niveles no muestran panorámicas de los alrededores del castillo, con la espectacular y montañosa frontera austríaca, ni hacen alarde de las actuaciones de sus actores mediante captura de movimiento. En su lugar, continuamos con la perspectiva de B.J. mientras este maneja ascensores y aporrea puertas cerradas como si no hubiera un mañana. Es algo que mantiene al jugador en el descomunal pellejo (y la cabeza cuadrada) del vaquero favorito de los Estados Unidos.

The Old Blood hasta cuenta con su propia versión de la icónica palanca de Half-Life: una tubería que B.J. utiliza para machacarles las piernas a los oficiales nazis antes de meterles su punta afilada por la oreja. También la usa para abrirles los exotrajes a los Supersoldaten. Además, la tubería sirve como equipo de escalada, ya que B.J. la divide en dos partes para trepar por edificios. No es fácil llegar al nivel de la llave inglesa de System Shock 2 o de la motosierra de Doom en el panteón de herramientas readaptadas, pero he aquí un consejo: si te queda poca munición, siempre puedes usar la tubería para aporrear el casco de un enemigo abatido y quedarte con él. A Gordon Freeman no se lo enseñaron en el MIT, ¿verdad?