
Alba: A Wildlife Adventure te robará el corazón y mucho más que eso

Hay una alegría desenfrenada en el corazón de Alba: A Wildlife Adventure. Se trata de un juego de espíritu alegre y desenfadado que cautiva por su encanto sin pretensiones. No es de extrañar que, a pesar de su breve duración de tres horas, su desgarradora secuencia final te deje las emociones a flor de piel.
Alba ha llegado a Pinar del Mar para pasar una semana de vacaciones con sus abuelos, pero pronto descubre una misión: pedir que se detenga la construcción de un lujoso hotel para salvar una reserva natural en peligro. Aunque la tarea pueda parecer excesiva para una preadolescente, Alba está a la altura del reto. Para salvar la reserva, tiene que pasar el rato con la gente del pueblo, explorar muchos lugares encantadores y hacer fotos de animales geniales con el móvil de su abuelo.
A pesar de que los personajes son sencillos y estilizados, sus movimientos y expresiones faciales destilan personalidad a partir de los gestos más sutiles. Cuando Alba corre por un sendero, a menudo se pone a dar unos cuantos saltitos y, después, extiende los brazos como si surcase el viento, cual águila despreocupada. Durante su viaje, se te hará una pregunta de sí o no en varias ocasiones y, en lugar de usar simples cuadros de diálogo, deberás mover la cabeza de Alba arriba y abajo o a izquierda y derecha para que asiente o niegue de forma exagerada; gestos que, por supuesto, irán acompañados de una sonrisa bobalicona o un ceño fruncido.

Estas peculiaridades animadas con cariño te conectan con la gente y los animales con los que interactúas por toda la isla, lo que alimenta un deseo visceral de proteger el lugar y su forma de vida. Recoger basura, curar ardillas enfermas y arreglar los paseos marítimos no son simples tareas que tachar de una lista: son acciones significativas que afectan a un ecosistema frágil.
A menudo se representa a la humanidad y a la naturaleza como si estuvieran enfrentadas: en la naturaleza salvaje, acechan bestias peligrosas, mientras que los humanos se encierran en cajas de acero. Alba aboga por una coexistencia más natural; un mundo en el que los animales crezcan junto a las personas. Un mundo donde los ibis merodeen por los arrozales y los halcones puedan convertir un decrépito castillo en su hogar mientras los humanos disfrutan de una tarde al sol con un delicioso helado de zanahoria.
Hacia el final del viaje, el teléfono de Alba recibe un mensaje: la playa está llena de basura y hay animales atrapados en los escombros. Mecánicamente, tan solo hay que hacer clic en unas cuantas gaviotas atascadas en anillas de plástico, pero, durante esos instantes, estás ahí, en la playa, con otra decena de habitantes del pueblo y salvando a los animales de un terrible destino.
Puede que ese no sea el momento en el que se te salten las lágrimas (hay muchas otras oportunidades para ello), pero el sentimiento que despierta en tu corazón es insuperable. Alba evocará orgullo y alegría dentro de ti, y te encandilará por completo con su capacidad de hacerte sonreír, aunque solo sea un ratito.