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El clásico juego de rompecabezas World of Goo marcó el inicio de la revolución indie con estilo
J
John Walker
La premisa parte de la brillante idea de construir torres y puentes a base de unir bolas de pringue. Una vez que se unen, conforman estructuras más rígidas y robustas por las que pueden trepar otras goo. Dado que las bolas de goo son limitadas, es necesario crear rutas eficientes y así usar la menor cantidad posible para lograr el objetivo. La cosa se va volviendo cada vez más complicada, ya que aparecen engranajes dentados que hacen explotar a las bolitas, y también diferentes clases de goo que modifican los tipos de uniones que se pueden hacer.
Solo con mantener esta fórmula, World of Goo ya se habría convertido en todo un clásico. Lejos de conformarse con eso, no obstante, no paraba de mostrar ideas brillantes y novedosas, y en los últimos niveles incluso aparecían mecánicas totalmente nuevas. Entre ellas se encuentran las goo cuadradas, así como desafíos variables enlazados con una historia sutil y fascinante que revela la auténtica naturaleza de las goo.

Todo ello venía acompañado de un precioso estilo artístico de dibujos animados que en 2008 llevaba años desaparecido de la industria. Incluso 15 años después, World of Goo sigue destacando con su diseño claro y distintivo, que ha sobrevivido al paso del tiempo gracias a la intemporalidad de su maravilloso estilo artístico de dibujos animados. Si a eso le agregamos una banda sonora que sigue siendo un placer escuchar incluso fuera del juego (y que brilla con luz propia a medida que avanzas por los niveles), el resultado es un título al que no le afecta la entropía.
Pero puede que haya algo aún más importante que todo esto, y ese algo es que World of Goo es increíblemente divertido. Sus ingeniosas mecánicas contribuyen a ello, claro está, pero también lo hace el hecho de que el título rebosa alegría. Es posible que la trama tenga ciertos toques oscuros (un duro mensaje sobre los peligros de la sobreindustrialización), pero siempre va acompañada de un valiente determinismo y de la idea de que las dificultades se pueden superar. Además, es sorprendentemente gracioso, sobre todo si tenemos en cuenta que se trata de un juego en el que hay que construir puentes con pringue.
Hoy en día no es nada raro que un pequeño equipo consiga un gran éxito tras un lanzamiento. Sin embargo, hace 15 años, antes de que la revolución indie estuviera en todo su apogeo, eso era todo un notición, y pocos juegos lo merecían más que World of Goo. Generó millones de dólares, y los dos desarrolladores no tuvieron reparo en compartir las cifras, así como un desglose detallado del número de copias pirateadas. Tiempo después, a su enorme éxito financiero le sumaron un "programa de amnistía" para todos aquellos que no habían pagado antes de jugar.
Y de hecho, funcionó tan bien que los desarrolladores, junto con otros de los primeros que habían tenido éxito en el género indie, crearon un fondo para apoyar a personas que tuvieran grandes ideas para videojuegos. Se financiaron juegos muy conocidos, como Tunic, Night in the Woods, Hyper Light Drifter, Manifold Garden y Donut County, entre muchos otros. Habida cuenta de ello, no es exagerado decir que el legado de World of Goo se ha prolongado durante más de una década y media y que forma parte de una red de enormes éxitos.