
God of War Ragnarök trata sobre el fin del mundo (¡y sobre cómo ser un buen padre!)

"Ojo con los atajos al saber", advierte Kratos, el protagonista de God of War, a su hijo Atreus en el premiado juego God of War Ragnarök, ya disponible en PC y en la Epic Games Store. Mucho ha cambiado desde que conocimos a este dúo al principio de God of War en 2018. La pareja se enfrenta a una nueva amenaza: el padre vengativo de una deidad asesinada en el juego anterior, pero Atreus también se ha convertido en un joven con sus propios secretos (y un destino terrible del que quizás no pueda escapar).
No todos los jóvenes o padres entrados en edad tienen que lidiar con las repercusiones y responsabilidades de ser un dios, pero casi todos los padres e hijos podrán verse reflejados de algún modo en la historia de estos dos testarudos personajes. God of War Ragnarök teje una historia prácticamente universal sobre cómo solemos pensar que lo sabemos todo cuando estamos creciendo y cómo solemos caer en una trampa similar al sentirnos demasiado seguros de nuestra propia sabiduría al criar a nuestros hijos.
Cuando me di cuenta de lo cercana que es esta historia a mi vida cotidiana —tanto en calidad de hijo como de padre—, volví a enamorarme de God of War Ragnarök.
Porque si hay algo que un padre querría ofrecer a sus hijos es un atajo al saber.
Aprendemos a ser padres de profesores imperfectos
El anterior God of War contaba cómo Kratos y Atreus aprendían a hacer las paces el uno con el otro como seres humanos con sus virtudes y defectos, centrándose en un padre emocionalmente reprimido tras la muerte de su esposa y un largo historial de violencia contra quienes se cruzaban en su camino. Kratos era un hombre que no había superado su pasado, y su incapacidad para hablar sobre sus conflictos o para compartirlos provoca muchas de las batallas más importantes del juego. Además, God of War terminaba insinuando un futuro muy oscuro para ambos personajes.

God of War Ragnarök aborda el estrés que sufren las familias cuando los hijos comienzan a crecer y a elegir su propio camino, en especial cuando los padres no están de acuerdo con sus decisiones. Kratos y Atreus quieren lo mejor para sí mismos, para el otro y para el mundo que intentan mejorar, pero sus buenas intenciones suelen ser lo primero que sacrifican, ya que se ocultan secretos y tienen dificultades a la hora de expresar lo que sienten.
No se trata de una aventura, sino de una tragedia, y a menudo me encuentro gritándole a la pantalla pidiéndoles que hablen el uno con el otro. Pero este es el motivo por el que existe tanta tensión durante la mayor parte del juego. Sin duda, los otros dioses tienen sus propios planes, pero Atreus y Kratos suelen inmiscuirse en sus asuntos con mayor frecuencia que el resto.
La falta de confianza entre padre e hijo los limita más que cualquier obstáculo externo, algo completamente lógico. A medida que los hijos crecen y se convierten en jóvenes adultos, necesitan explorar su propio mundo, disfrutar de ciertas libertades e, inevitablemente, cometer errores. En algunos casos eso supone estrellar el coche familiar y enfrentarse a las consecuencias. En God of War Ragnarök, implica lidiar con un joven que tiene que procesar sus emociones de forma más sana si no quiere convertirse en un animal (literalmente) cada vez que pierde los papeles.
En su día, la violencia era también la solución favorita de Kratos a sus problemas, pero ha quedado claro que es además el origen de muchos de ellos. Y lo que es peor, su hijo lo ve más como un arma viviente que como un hombre que ha cometido errores y ahora es consciente de las limitaciones que supone liarse a palos en cada discusión.
Obviamente, Kratos está frustrado; no importa cómo lo enfoque, nunca consigue convertirse en el padre que exigen las circunstancias. Aunque hace todo lo que está en su mano, el pasado continúa persiguiendo a padre e hijo sin descanso.

Y, por otro lado, Atreus se enfrenta a la aparición de sus poderes, que incluyen una intensa cercanía con los animales, la capacidad de comprender muchos idiomas y una fuerza que con el tiempo puede superar a la de su padre. Sin embargo, Atreus está mucho más interesado en lo que piensan y sienten los demás. Su forma de enfrentarse al mundo incluye mucha más empatía, calma y sabiduría que la fuerza bruta a la que está acostumbrado su padre.
Atreus quiere encontrar un camino diferente para su padre, pero también lidia con la inseguridad de no ser tan fuerte como él. Los diseñadores del juego abordan esta tensión directamente en las secciones del juego en las que el jugador controla a Atreus, algo que es posible hacer por primera vez en esta saga. El joven es mucho más ágil que Kratos, pero no menos letal en la práctica.
Aunque ambos personajes dirían que tienen poco en común, Kratos está más abierto a sus emociones de lo que le gustaría admitir y Atreus descubre que es un luchador más capaz de lo que temía. Se confía al jugador un secreto que ninguno de los dos personajes está preparado para creer durante la mayor parte del juego: se parecen más de lo que creen, a pesar de comportarse de maneras muy diferentes.
No todos tenemos que salvar el mundo, pero todos queremos salvar a nuestras familias
Lo más sorprendente de la dinámica paternofilial de God of War Ragnarök es que resulta muy fácil verse reflejado en ambos personajes si uno ha tenido una relación complicada con su padre o su madre , y casi todas las relaciones entre padres e hijos van a ser complicadas. Kratos desea que Atreus lo escuche y aprenda de sus errores, al tiempo que Atreus quiere encontrar su propio camino en el mundo. A su manera, ambos tienen razón.
Como padres, todos experimentamos ese distanciamiento con nuestros hijos a medida que crecen y extienden sus alas al mundo, y todos, como hijos, a veces nos hemos sentido atrapados en las expectativas de nuestros padres. Sé lo que es querer cometer mis propios errores y convertirme en la persona que estoy destinada a ser. Y, al mismo tiempo, he vivido lo suficiente como para querer que mis hijos escucharan algunas de las lecciones que he aprendido a las malas y evitar así que sufrieran lo que he sufrido yo.

"Ojo con los atajos al saber", gruñe Kratos; pero antes de dar ese consejo debe aprender a seguirlo. ¿Acaso la crianza no se basa en la esperanza de que nuestros hijos aprendan de nuestros errores y no los repitan? No hay nada más humano que esperar que nuestros seres queridos encuentren un atajo al saber, pudiendo ahorrarse nuestras propias cicatrices.
Pero esto nunca funciona. Son las cicatrices las que nos hacen recordar las lecciones que aprendemos a lo largo de nuestra vida, y hasta que nuestros hijos no vivan la suya y se ganen sus cicatrices nunca serán capaces de hallar la sabiduría que deseamos que obtengan. Sabemos que la adversidad nos ha hecho crecer, pero esperamos poder allanar el camino para que nuestros hijos no tengan que enfrentarse a los mismos conflictos que nosotros. Esta no solo es una tarea imposible, sino que, además, ¿qué aprenderán nuestros hijos si nunca se ven obligados a tomar decisiones ante la adversidad?
Kratos quiere que Atreus alcance la sabiduría sin antes haber vivido, y eso es imposible. Y Atreus quiere vivir sin consecuencias, sin percatarse de que la consecuencia es, literalmente, el precio de la libertad. Ojalá escuchara a su padre. Ojalá Kratos encontrara las palabras adecuadas.
Ojalá hubiese un atajo al saber.
God of War Ragnarök ya está disponible en la Epic Games Store.