
En alabanza de la caja de rompecabezas de PC Building Simulator 2

Es divertido jugar con la electrónica, y por eso siempre me ha gustado trastear con los ordenadores.
Bueno, por eso y porque alguien le dijo a mi padre que Apple iba a quebrar y que tenía que evitar a toda costa que el primer ordenador de la familia fuera un Mac.
Me mosqueé un poco con esa persona tan pesimista a mediados de los 90, pero a día de hoy tengo que darle las gracias. Me pasé mis años formativos en un ordenador, descubriendo las idiosincrasias de Windows 3.11 for Workgroups, creando disquetes de arranque y archivos AUTOEXEC.BAT y CONFIG.SYS personalizados porque era la única forma de convencer a mi Gateway 2000 de que, en realidad, sí que podía ejecutar Aces Over Europe.
Los productos Apple de la sala multimedia de mi instituto, con sus divertidos iconos y sus ventanas bonitas y redondeadas, fueron los que me metieron en el mundo de los ordenadores. No me interesaban las interfaces de línea de comandos, ni mucho menos Microsoft Bob, pero la necesidad es la madre de los videojuegos, al menos si tuviste la suerte de tener un P5-90 en 1995, como fue mi caso.
A nadie le sorprendió más que a mí descubrir que, a menudo, disfrutaba más de la electrónica que de conseguir que mis encantamientos tuvieran éxito y me permitieran combatir en el aire contra los malvados poderes del Eje. Resulta que de verdad me gustaba hacer agujeros en disquetes flexibles para duplicar su capacidad.

Siempre es motivo de orgullo superar un obstáculo, y recuerdo haber pensado que, si hubiera nacido unas décadas antes, quizá estaría retocando un coche viejo, como hizo George Lucas en su día. Pero, en lugar de tartanas, nosotros teníamos ordenadores. Y, si queríamos usarlos para casi cualquier cosa más complicada que el Buscaminas, teníamos que aprender cómo funcionaban, porque, desde luego, ellos no iban a descubrirlo por su cuenta.
Las cosas son mucho mejores a día de hoy. La última vez que vi un disquete funcional, era un icono de guardado. Ahora compramos un juego, lo ejecutamos y jugamos. El tema de trastear con los equipos no es totalmente cosa del pasado, pero ocurre más en los márgenes y dentro de menús y programas diseñados para descargar, detectar y aplicar ajustes óptimos para juegos que simplemente funcionan.
No había pensado en mis forcejeos adolescentes desde hacía años, pero esos recuerdos florecieron como azaleas en abril al llevar apenas una hora jugando a PC Building Simulator 2, un título de simulación increíblemente satisfactorio y relajante de los desarrolladores de Spiral House que está centrado caso del todo en eso, en trastear con el ordenador.
Pero, al principio, era algo confuso.
El modo carrera de PC Building Simulator 2 comienza cuando entras en los restos calcinados de la tienda de ordenadores del tío Tim. Justo después del desastre, tienes que reconstruir el negocio a base de arreglar equipos. Los primeros trabajos son sencillos. Alguien necesita piezas nuevas. Alguien quiere que se lo pintes de colores horribles. Y yo tengo todo el tiempo y el espacio para ayudar.

Para uno de los trabajos, pedí las piezas que necesitaban mis clientes y esperé un día o dos para que llegara una GeForce GTX 970 (o superior). Abrí la nueva GPU, cogí el ordenador convaleciente y lo llevé a mi escritorio. Hice clic en el ordenador y la cámara se acercó para verlo con más detalle. Una ventana modal en el lateral de mi pantalla mostraba mis objetivos: debía instalar la tarjeta y asegurarme de que el ordenador arrancaba.
Cada parte de PC Building Simulator 2 está renderizada con un nivel de detalle espectacular. El proceso de abrir una caja comienza por quitar los tornillos, como en el mundo real, algo que, por suerte, se explica en la interfaz de usuario. Después tuve que quitar la cubierta del PCI para hacer sitio a la nueva GPU. Otro tornillo más y listo. Saqué la GPU de mi inventario, la encajé y conecté los cables para los datos y la alimentación.
Cada trabajo es un pequeño rompecabezas como este, basado a menudo en mi conocimiento existente. Pero, en ocasiones, te encuentras con alguno que te enseña echar el freno a tus ambiciones, como aquella vez que pensé que podía terminar una instalación a toda prisa. Seguí los pasos a toda prisa, cerré el equipo y conecté los cables al monitor, el teclado y el ratón que tengo en el escritorio. El ordenador no arrancaba. Resulta que se me había olvidado reconectar un cable interno a la fuente de alimentación. Un mea culpa, un par de minutos y un puñado de tornillos después, el PC cobró vida. Ejecuté algunos comparadores, me aseguré de que todo estaba funcionando bien, completé el trabajo y recibí el dinero.
Hubo un momento, durante uno de los primeros trabajos, en el que me descubrí a mí mismo creando un drama artificial. Las mecánicas sencillas y tranquilas de este título están a kilómetros del estrés de las mirillas y las armas, o incluso del de la vida real. ¿Era eso todo lo que ofrecía el juego? Pero, justo en el momento en que ese pensamiento apareció en mi cabeza, obtuve una respuesta que parecía haberme llegado directamente desde los 90. "Sí, y mola bastante".
Al igual que PC Building Simulator 2, no sentí la necesidad de complicarlo más de lo que ya era. Me puse manos a la obra y la verdad es que me lo pasé muy bien trabajando. Acabé agradeciendo que esto fuera todo.

Me pasado unas horas muy tranquilas en PC Building Simulator 2 construyendo cosas que no puedo hacer en la vida real, disfrutando del tipo de diversión que ofrece este juego de simulación. Me lo estoy pasando genial en mi tienda (a la que llamé "Servicios de Recreación de Consumo") y ganando dinero falso cada día para poder construir más ordenadores falsos. Porque resulta que trastocar con piezas de ordenadores es tan divertido en el mundo real como en el virtual.
Si no os gusta la idea de meteros en el papel de responsable de un negocio, PC Building Simulator 2 también tiene un par de otras formas de jugar. Hay un modo ilimitado que abandona la historia y los tutoriales para ofreceros una serie de montajes cada vez más difíciles. El modo de construcción libre es exactamente lo que parece: una oportunidad de construir el ordenador de vuestros sueños sin las restricciones del dinero del juego o del mundo real, utilizando componentes de más de 40 empresas del mundo real, como AMD, Asus, InWin, MSI y NVIDIA.
Si os apetece trastear con ordenadores, podéis conseguir PC Building Simulator 2 en la Epic Games Store hoy mismo. Ahora, si me disculpáis, tengo un par de envíos que recoger y un ordenador que reparar.