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Indika: Una monja busca la redención en esta única (y extraña) historia ambientada en una Rusia alternativa

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Thomas Wilde
2 may 2024

Si en algún momento de la última década os habéis quejado de la falta de videojuegos únicos (si tenéis la sensación de haber jugado a lo mismo docenas de veces, de haber estado pulsando los mismos botones, disparando las mismas armas y desplazándoos por los mismos árboles de habilidades), entonces deberíais plantearos seriamente echarle un vistazo a Indika. Indika, el segundo juego de Odd Meter, un pequeño equipo indie fundado en Moscú que ahora tiene su base en Kazajistán, es un juego de aventuras, rompecabezas, plataformas, inquisición de la doctrina católica y simulación de monja ambientado en una Rusia alternativa que no sabíais que necesitabais.

Indika es el típico juego que, al describirlo, tendréis que decir un montón de veces "En serio". En el fondo, la forma más fácil de describir Indika sería catalogarlo como un juego de aventura plagado de diálogos que sigue el espíritu de otros grandes juegos narrativos interactivos como Syberia: The World Before.

Lo que diferencia a Indika es su gran énfasis en cuestiones de fe, su flexibilidad de género, un uso realmente insólito de gráficos clásicos y sus cambios repentinos e impredecibles entre el sufrimiento, el humor y el terror psicológico. Muchos videojuegos han aspirado a formar parte del género New Weird presentando premisas surrealistas, pero Indika va mucho más allá. Se vuelve cada vez más raro. Se vuelve cada vez más siniestro.
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El juego, ambientado en una Rusia alternativa, en una época indeterminada que parece situarse en torno a la Primera Guerra Mundial o en los años posteriores, nos presenta a Indika, la joven monja que da nombre al juego y a la que el resto de las hermanas del convento no aceptan. A Indika le gustaría pensar que su fe es sincera, pero es propensa a tener alucinaciones muy reales que la han convertido en una paria. Por si fuera poco, hay una voz burlona en su cabeza que estimula sus peores impulsos.

Finalmente, tras sufrir numerosas humillaciones, Indika se ve obligada a abandonar el convento en pleno invierno para entregar una carta en mano en un lejano monasterio. Esta tarea, que no es más que una evidente excusa para deshacerse de ella, fuerza a Indika a embarcarse en un viaje por la campiña rusa, donde tendrá que enfrentarse a difíciles condiciones climáticas, a numerosos desastres y a las consecuencias de la guerra.

Hay muchos juegos de aventura modernos en los que el personaje protagonista es un narrador poco fiable. Sin embargo, es a partir del primer auténtico rompecabezas del juego que Indika empieza a despegar. Este título no es otro simulador de paseos más en el que hay que ahondar en los demonios internos de alguien; aquí hay algo que no va nada bien, y no sería realista que fuera Indika quien lo descubriera.
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Parte de esa desconexión se transmite con el uso deliberado de gráficos anacrónicos. En su mayor parte, Indika parece un juego de alta calidad desarrollado con Unreal Engine, ya que cuenta con modelos de personajes creados mediante captura de movimiento en un mundo destruido pero realista. Parece una siniestra obra dramática de prestigio, o una versión femenina de El nombre de la rosa.

Sin embargo, las extrañas alucinaciones de Indika (y ciertos elementos de la interfaz) se han renderizado con gráficos pixelados clásicos. Varias de las secuencias de acción cuentan con música de 8 bits que no encaja en absoluto, y el descubrimiento de un objeto coleccionable a menudo va acompañado de un breve sonidito electrónico o de la aparición de una gran moneda de oro. Pensad en Scott Pilgrim vs. The World, salvo que todos los elementos discordantes del mundo de Indika forman parte de una maldición que ella no tiene forma de comprender.

Hay un toque de humor negro que lo envuelve todo, sobre todo la forma en que las mecánicas reflejan el debilitamiento de la fe de Indika. Al descubrir una reliquia, rescatar un manuscrito o encender un cirio, ganáis puntos que se contabilizan en la esquina superior izquierda de la pantalla.
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Al superar ciertas cantidades de puntos, Indika sube de nivel, lo que le otorga nuevas habilidades como Vergüenza (al ganar puntos, se consiguen otros seis) o Dolor (posibilidad de obtener un multiplicador de × 1.46 cada vez que se consiguen puntos). Indika refleja el ferviente catolicismo como si fuera un juego de arcade de los 90, en el que las buenas acciones y la devoción contribuyen a aumentar la puntuación.

Esta disonancia está presente a lo largo de todo el juego. Cuanto más se avanza en Indika, más géneros y mecánicas de juego se añaden a su estructura. Las mecánicas de juego de Indika funcionan a modo de metáfora extendida, y el realismo mágico, las carreras, las secuencias de plataformas y la enorme maquinaria steampunk sin explicación forman parte de la misma narrativa sobre la fe, el pecado y la redención.

Me da la sensación de que hay muchas cosas de Indika que no estoy preparado para entender. No soy católico ni ruso, e Indika es, en muchos aspectos, una reflexión sobre lo que es ser ambos. Hay mucho que desgranar en este juego, y en parte me gustaría pasármelo una segunda vez con un diccionario de ruso abierto sobre mi regazo.
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Lo más destacable para mí, al menos por ahora, es que Indika emplea el lenguaje visual de los juegos de una forma única. Imaginad lo que sería ver un juego de plataformas de 16 bits antes de haber visto un televisor; pues es ahí donde radica parte del terror puro de la experiencia de Indika. Es algo con lo que estáis profundamente familiarizados, pero visto a través de los ojos de alguien que no cuenta con los conocimientos básicos para entenderlo, y para quien no es más que un despliegue de colores, movimientos y sonidos artificiales.

No cabe duda de que resulta aterrador, pero es algo que nunca me había planteado.

Indika pronto estará disponible en la Epic Games Store.