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Sobrevivir al volcán en Anno 117: Pax Romana - Profecías cinéreas
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Dave Tach
Dadme 20 minutos y tendré a los leñadores talando y los aserraderos cortando madera. Alisaré la tierra para abrir caminos y los extenderé de costa a costa. Convertiré llanuras áridas en barrios llenos de vida. Los agricultores estarán cosechando y las costureras cosiendo, y mi creciente población estará entusiasmada. Construiré redes de almacenes para guardar mercancías y levantaré mercados y tabernas solo para asegurarme de que todo el mundo se divierta.
No es por presumir, pero, como ya os he dicho, soy la persona indicada.
Pero si lo que buscáis es a alguien que apacigüe a Vulcano, el dios del fuego, o realice cientos de ofrendas para aplacar el estruendo de un volcán, en ese caso, caveat emptor, como diría mi emperador.
A pesar de mis mejores esfuerzos, el cielo se desploma, mi mundo arde y una sombría neblina gris lo envuelve todo.
Anno 117: Pax Romana – Profecías cinéreas es una propuesta brillante, profunda, interconectada y aterradora. También es posible sobrevivir, aunque no seáis capaces de aplacar a un dios. No recuerdo haberme sentido nunca tan gratificado en un juego —casi victorioso—, mientras las piezas encajan antes de que el mundo se desmorone.
Expandiendo el imperio
Los juegos de construcción de ciudades como Anno 117 son algo relativamente nuevo para mí. Conozco el género y tengo cierta experiencia, pero en las últimas décadas solo he jugado a este tipo de juegos esporádicamente y he pasado la mayor parte del tiempo jugando a otros géneros.

Cuando hace poco me puse con Anno 117: Pax Romana para probar Profecías cinéreas, lo primero que hice fue volver a familiarizarme con las complejidades que conlleva expandir el Imperio romano. Me encanta esta fase del juego donde empezamos con un lienzo en blanco (en forma de una única isla deshabitada) y el único objetivo es urbanizarlo todo en nombre del progreso.
Puede que el volcán sea el protagonista del nuevo DLC Profecías cinéreas, pero su contenido no es algo a lo que podéis acceder inmediatamente en una partida nueva. Tenéis que construir una civilización antes de que las fuerzas del destino puedan destruirla.
Tras un par de horas, me había metido de lleno en modo "construir civilización". Ya no me preguntaba qué pasaría si, por ejemplo, construía una pocilga cerca de una ciudad. Estaba diseñando infraestructuras con bloques y patrones bonitos, metido en la piel de un ingeniero civil cuyos ideales son tanto la belleza como el servicio a la población.
Hablando de la población, la dinámica general de una partida de Anno 117: Pax Romana gira realmente en torno a la gente, a esos diminutos ciudadanos que habitan vuestras islas y viven su día a día. Tenéis que darles cosas que hacer, construir estructuras que mejoren su calidad de vida, como mercados y tabernas para que estén contentos, y hacerlos ricos. Si jugáis bien, podréis ascender a los ciudadanos a clases superiores, que traen consigo nuevas estructuras que construir y trabajos más complejos y elaborados.
Conoceréis a vuestros vecinos, tanto amistosos como hostiles, en las islas cercanas. Estableceréis asentamientos en tierras sin reclamar y rutas comerciales desde vuestras islas hasta otras. Y, si jugáis con inteligencia, os haréis cada vez más ricos.
Cuando, de repente, empezáis a verlo todo con claridad, se produce una sensación muy satisfactoria. Lo complicado para los nuevos jugadores es que pasan muchas cosas a la vez en sistemas que se superponen, lo que puede resultar abrumador. Pero si os mantenéis firmes (y seguís el tutorial del juego), las recompensas aleatorias son tan adictivas como las máquinas tragaperras.
Yo tardé un poco en coger el ritmo, pero cuando lo hice, me sorprendí a mí mismo queriendo empezar una nueva partida. ¿Por qué cargar con los errores de un novato que había construido una ciudad fea, cuando podía borrar el mundo y empezar de nuevo? Así que eso fue exactamente lo que hice, estaba enriqueciéndome y me iba muy bien, cuando una misteriosa dama con los ojos vendados que vivía en el lejano norte me hizo una señal.
Caecilia y el volcán
Primero construí una civilización próspera, mejorando a una parte importante de mi población, desde los simples libertos hasta los plebeyos más sofisticados y, luego, a los équites, amantes del queso y el vino.
Fue por entonces cuando Caecilia se dignó a hablar conmigo. Vestida con una túnica gris oscuro y con los ojos vendados, me pidió que le consiguiese obsidiana. Como con todo en Anno 117: Pax Romana – Profecías cinéreas, existen puertas que limitan el acceso al contenido hasta que estáis listos para desbloquearlo.

La obsidiana se recolecta en terrenos y canteras, lo cual no me supuso un problema porque eran elementos que ya había desbloqueado y construido mientras mejoraba la población. Así que obtuve lo que me había pedido y se lo envié.
A partir de ese momento, Caecilia empezó a confiar en mí y a contarme más cosas. Le preocupaba que Ocaso, el volcán de la región, entrara en erupción, y ante ese escenario solo había una solución: un sacrificio a Vulcano, el dios del fuego. Pensaba que bastaría con ofrecer al dios 75 toneladas de comida, que es una cantidad descomunal. Pero, como ya había dedicado horas a ampliar mi cadena de suministro de alimentos, lo único que tenía que hacer era cargar la comida en un barco y entregarla.
Disfruto muchísimo de momentos como estos. No me había preparado específicamente para esta situación, pero sentí que el juego me estaba dando una palmadita en la espalda por gobernar bien. Esto es Anno 117 en estado puro. Todo lo que había hecho en las últimas horas lo hice para resolver un problema inminente. Luego, esas mismas cosas me fueron útiles en otra situación.
Hice la entrega y me picó la curiosidad. Le pedí a Caecilia que me diese una lección de historia y me habló de la última erupción del volcán, que ella atribuía a la soberbia de quienes habitaban allí en esa época. Ofendieron a Vulcano y este les arrebató todo de manera implacable.
En ese momento comprendí mejor las ofrendas y la retorcida lógica de la mujer que se comunica con el dios. Caecilia es "la voz de Vulcano", y su isla Cinis es el hogar que Vulcano ha elegido para los suyos. Es una especie de guardiana que protege a su gente. Si Vulcano se alza, Caecilia se sentirá culpable por ello.
El estallido
A ver, el DLC se llama Profecías cinéreas y hay un volcán gigante que se cierne a lo lejos. En el mundo real, no creo que donar mármol a una montaña llena de lava sea una estrategia de prevención efectiva. Pero allá donde fueres...
Me imagino que no os sorprenderéis si os digo que, al final, Vulcano se ofendió. Por mucha obsidiana y mármol que entregase, por muchos santuarios que levantase en honor a Vulcano, lo que Caecilia y yo hicimos no funcionó. El suelo tembló y retumbó. Y enseguida quedó claro que el tiempo de las tareas preventivas había pasado y que había llegado el momento de prepararse.
Anno 117: Pax Romana destaca por su capacidad para cambiar de ritmo. Lo que durante varias horas había sido una campaña lenta y metódica de producción y expansión se convirtió al instante en un periodo de preparación para el impacto. La base del juego seguía siendo la misma, pero la presión de la cuenta atrás cambió mi forma de jugar y lo que hacía. Ahora estaba almacenando comida y asegurándome de que tenía vigiles (los parques de bomberos de la antigua Roma) por todas partes. Construí tantos vigiles que casi terminé creando un reino entero de parques de bomberos.
La música también cambió. Los tambores resonaban con fuerza y me impulsaban a continuar. Mientras yo me movía a toda prisa, Caecilia caía en una especie de locura. Se sentía culpable, tal como dijo que haría.
Entonces, la música dejó de sonar. El mundo se volvió gris, el volcán estalló y las cenizas inundaron por el aire. Barrios enteros, a los que yo había dado vida, quedaron reducidos a escombros. Incluso mis barcos sufrieron daños. Todas las minas que había construido cerraron debido a los constantes terremotos. Mi población entró en pánico. Se desató una plaga de alcoholismo. El emperador, que es un cretino, se disgustó.

Pasé la siguiente hora en la oscuridad, reconstruyendo donde podía y compartiendo las reservas de pan, aceite de oliva, cuerdas y demás con mis vecinos diezmados.
Luego, la niebla se disipó y la fase meteorológica del juego cambió a una etapa en la que la ceniza fértil propicia una primavera sin igual. La felicidad y la productividad aumentaron, y la destrucción provocada por el volcán también produjo un suelo extremadamente fértil.
Y vuelvo a empezar. Sé exactamente qué hacer.
Soy un buen gobernador, se me da genial levantar (y volver a levantar) una civilización. Y, la próxima vez, creo que me prepararé mucho mejor para el desastre inevitable. No se puede aplacar a Vulcano.
Habrá una próxima vez. Mientras tanto, Caecilia sugiere que reconstruyamos el templo principal dedicado al dios iracundo y feroz.
Me dice que no debemos abandonar a Vulcano, ni siquiera durante el duelo.
Anno 117: Pax Romana - Profecías cinéreas está disponible en la Epic Games Store.