
La avaricia será tu perdición en Wall World

Convéncete todo lo que quieras de que lo haces por el bien de tu araña robot, pero la avaricia te lleva a excavar tan a fondo en El muro que cuando suenan las alarmas de proximidad del arácnido mecánico, ya estás demasiado lejos como para ir a ayudarlo.
Sí, necesitas los recursos que hay enterrados tras la gruesa capa externa de ladrillo de El muro. Y también las armas que hay ocultas en sus cavernas. Y las mejoras de objetos a las que se aferran los cadáveres de los aventureros que llegaron antes que tú. Pero podrías haber emprendido antes el camino de vuelta a la araña robot. No te hacía falta "un bloque más". Ahora ya no hay de forma de regresar a tiempo para utilizar sus cañones defensivos contra la inminente oleada de bichos demoníacos. Cuando la araña explote y tu aventura roguelike por los biomas verticales de Wall World llegue a su fin, no tendrás a nadie más a quien culpar.

Wall World es una inesperada fusión de ideas. Te pasas la mitad del juego al más puro estilo Missile Command, disparando cañones antiaéreos, estacas de tres metros y misiles teledirigidos contra enjambres de monstruos en un intento desesperado por proteger a tu araña robot, tu base móvil y única forma de escalar la interminable estructura que da nombre al juego. La otra mitad recuerda a Manic Miner. Dejas atrás el asiento del piloto, te enfundas un exotraje y taladras El muro, en el que abres vetas de minerales con tu láser, de las cuales extraes los recursos que llevas de vuelta a la cabina de la araña para comprar mejoras para tu equipamiento. Es una fusión extraña, pero muy conseguida.
La tensión que surge entre estos dos modos es donde Wall World cobra vida. Las oleadas de monstruos aparecen periódicamente, y si esta amenaza constante logra destruir tu araña robot, entonces se acabó lo que se daba. Pero no puedes quedarte todo el rato en el asiento del artillero, puesto que no recibes ningún botín por matar enemigos y cada oleada es más poderosa que la anterior. Para seguirle el ritmo a su creciente fuerza, deberás mejorar tu equipamiento. Tendrás que dejar atrás la cabina de la araña si quieres excavar en El muro. Y cuanto más profundo excaves, más largo será el camino de vuelta cuando, inevitablemente, aparezcan los enemigos.

Una barra en la parte inferior izquierda de la pantalla te indica cuándo se aproxima un ataque. No pierdas de vista el temporizador, deja de excavar y vuelve al asiento del artillero para repeler la siguiente oleada. Esa opción siempre está disponible; cuentas con toda la información que necesitas para tomar decisiones sensatas. Pero es difícil resistir la atracción de las minas. Cada bloque que destruyas podría dejar al descubierto la veta de un mineral o un objeto que fortalecería tus defensas o habilidades, como un dron automatizado, un generador de terremotos rompebloques o una escopeta que resultaría ideal para acabar con el enjambre de monstruos voladores que destruyeron tu araña mecanizada en la partida anterior. Es un cóctel adictivo de necesidad y avaricia.
Sí, podrías marcharte a tiempo, pero también podrías jugártela y perforar ese último bloque para ver qué hay detrás. Tú eliges, pero el tiempo corre. Y solo podrás culpar a tu arrogancia de tu próximo fracaso. Wall World ya está disponible en la Epic Games Store.